ENTREVISTAS

Luciano Pereyra: “Mis creencias folklóricas siguen intactas”

Por Santiago Torres |
  • PH: Alejandro Guyot y Rodrigo Mendoza
El cantautor argentino celebrará 20 años de carrera el 8 de diciembre en Vélez. Expansión internacional, creencias folklóricas y el sueño de cantar la “Misa criolla” para el papa Francisco.

Corría el año 1998, y el folklore vivía aires de renovación. Soledad Pastorutti, Los Nocheros y Abel Pintos sumaban elementos y actitudes pop al género más tradicional y popular de las provincias argentinas. Así comenzaban a sonar en las radios y a rotar sus videos en las señales de TV a la par de las bandas de rock locales, los cantantes latinos y las propuestas que llegaban desde el resto del mundo. En ese marco, entre zambas, carnavalitos, valses y chacareras, empezó a escucharse cada vez más fuerte el nombre de Luciano. Su debut discográfico, Amaneciendo, sería la antesala de su primer teatro Ópera, la consagración en Cosquín y un crecimiento constante que incluyó diez álbumes que vendieron más de un millón de copias.

El cantautor de Luján entendió rápido el poder de las colaboraciones y sumó adeptos y prestigio gracias al aval de Horacio Guarany, Rodrigo, Alejandro Sanz, Luis Fonsi, Mercedes Sosa, Juanes, Alejandro Lerner, Peteco Carabajal o el Chango Spasiuk, solo por nombrar algunos. El reconocimiento fue creciendo con cortinas televisivas en prime time e interminables giras por todo el país, marcando en varios casos récords de asistencia. Dos décadas después, el camino se expandió a los Estados Unidos, México, Uruguay y Chile con conciertos agotados en cada una de las plazas, mientras se prepara, tal vez, para el show más importante de su carrera: el 8 de diciembre en el estadio de Vélez Sarsfield.

¿Qué balance realizás de tu primera gira en los Estados Unidos?

- Desde hace años, la idea era hacer discos, producciones, grabar, nunca fue más que eso. Ahora, en la celebración de los 20 años, llevar a cabo una gira de conciertos fue como “¿Qué carajo pasó?”. Fue muy loco, porque siempre se iba a grabar, a producir y de repente estar en una gira por los Estados Unidos por primera vez fue algo muy fuerte. Tocar en ciudades como Nueva York, en un lugar que derribaron una semana después… Fui el último latino en tocar allí [en el BB King Blues Club]. Me mandaron fotos de todo desmantelado. Eso fue en abril de este año. Primero hice Nueva Jersey, luego Nueva York, Miami y Los Ángeles. A NY fueron mis padres. Estaba en el camarín, emocionado porque iba a tocar allí y porque la marquesina tenía mi nombre. De repente, antes de salir al escenario, el DJ puso música y empezó a sonar Horacio Guarany. Era como si estuviera ahí, presente. Después del show, con mi viejo nos abrazamos y él me mostró que llevaba puesta la bufanda que le había regalado Horacio. 

¿Qué tipo de público te va a ver a esos shows?   

- Mucho público latino. Había una comunidad de argentinos, pero estaba toda Latinoamérica. Había banderas de Perú, Chile, México, Ecuador… era una mezcla latina muy entretenida, muy power.

¿Tu vínculo con los seguidores de otros países latinoamericanos es más fuerte ahora?

- Se han fortalecido más, creo, por la música a través de las redes sociales, Internet, las diferentes plataformas digitales; eso ha ayudado un montón, si bien los últimos discos han tenido mayor repercusión afuera, por esto de la globalización musical. De repente, la gente en los conciertos de Nueva York o de otras partes de los Estados Unidos canta las primeras canciones, porque las pudieron descubrir a través de Internet.

¿Estás en etapa de expansión?

- Sí, bastante, fijate que después de 20 años, arrancar desde cero en México… si bien ya había tenido la oportunidad de grabar con Paty Cantú y Juan Gabriel… pero arrancar con un nuevo disco es genial como desafío, y esa expansión para seguir tocando en Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, países en los que siempre he trabajado.

En estos últimos discos más latinos, ¿en cuánto te involucrás vos, que venís de una esencia más folklórica, en los arreglos de las canciones? ¿Cuánto delegás en Juan Andrés Castro, tu productor?

- Delego todo y a la vez nada. Andrés Castro es un gran productor, pero aparte tenemos una bonita amistad, me encanta trabajar con él. Él me delegó a mí la producción. Fuimos productores ambos en este disco y para mí fue una etapa de crecimiento absoluto, tanto en el disco anterior como en este. No es que en los anteriores no me involucraba, pero con los años vas creciendo y entendiendo más. A esta altura, me involucro porque el que tiene que salir a defenderlo soy yo, y si no me involucro y defiendo algo que no creo, sería mentirme a mí mismo. Es insostenible, no lo veo como posibilidad. Pero sí le digo a Andrés cómo me siento musicalmente y en qué dirección debemos ir. Si quiero fusionar esto con esto, le digo dónde quiero llegar y ambos debemos arribar a un mismo puerto, que es el disco.

En La vida al viento te alejás un poco del folklore. ¿Por qué decidiste hacer ese giro?

- Mis creencias folklóricas siguen intactas. Cuando hablo de folklore, es la música en general. Este disco soy yo, es mi raíz, por más que sea una balada super pop y muy power, en un 6x8, sale un sicu, una quena o un charango, y allí está mi folklore. Hay temas urbanos a los que si les sacás los arreglos no dejan de ser un huayno o un carnavalito. Ese es mi folklore. Y lo combino con la música que escucho, es una manera de nutrirme.

Pertenecés a una generación, junto a Abel Pintos y la Sole, que tomó la posta de la música popular argentina. ¿Sentís alguna responsabilidad por eso?

- Soy una persona que está expuesta. Las familias van a los conciertos y las madres dicen “Mi hijo de tres años te escucha”. Debo tener cuidado con lo que digo en mi música, con lo que quiero expresar. Hay muchos chicos que me toman como referente, y esa es una gran responsabilidad. Para mí, esto es un placer. Es mi trabajo, mi pasión, mi música, y me siento bendecido por trabajar en lo que me gusta. Cuando ves a un chiquito que toma la guitarra como lo hacía yo a los tres años, me da una cuota de responsabilidad. Tengo que seguir creciendo, tomando mis clases de canto, perfeccionando mi música. Por eso me involucro en las producciones. Además, la música me va formando como profesional. No sé si será tan bueno que te tomen como referente, pero ya estás en el baile y tenés que bailar. Eso me lo decía Horacio: “Ya estás en un camino y no podés volver atrás”.

¿Creés que la música que hacen vos y Abel marca un movimiento?

- Yo creo que hacemos música para movernos y que la gente se mueva. A nosotros nos divierte y nos apasiona mucho lo que hacemos, compartirlo con la gente, aunque sea por un rato, para que se olvide de sus problemas y se conecte con las canciones. Somos musicalizadores de las historias de amor de la gente, eso es una bendición. No sé si es un movimiento, pero si sirve para que muchos jóvenes se arrimen a la música, conozcan más la raíz folklórica y hagan música, bienvenido sea. Ojalá existan más artistas que sigan teniendo esos momentos que hagan mover a la gente a través de la música. En eso también tenemos una cuota de responsabilidad nosotros, pero también los medios, al darles lugar a los nuevos artistas, a las nuevas bandas, que son talentos increíbles.

¿Por qué pensás que los medios son responsables?

- Porque no todo se conoce a través de las redes sociales. Mis viejos compran el diario, el disco. Hay generaciones a las que les gusta tener la revista en la mano, y creo que hay que seguir informando a esa gente. Entiendo el cambio, que hoy en día todo se maneje a través de un teléfono celular, una tablet, lo que sea, pero hay gente que necesita descubrir artistas a la vieja usanza.

¿Qué diferencias encontrás entre tocar en ciudades grandes y en pueblos más chicos del interior?

- Es fantástico, un aprendizaje constante. Hay pueblitos de 3000 personas que, cuando hay una fiesta, esperan todo el año para asistir. Puede haber hasta 20.000 personas. Algunos vienen a Buenos Aires y es como un paseo. Hay mucho contacto y solidaridad entre los clubes de fans del interior y los de la Capital. Se quedan en la casa de ellos y arman planes para ir al concierto. ¡Cómo no voy a sentir una responsabilidad con esa gente que compra una entrada para un recital!

¿Te importa que te critiquen por no hacer música esencialmente folklórica?

- Siempre doy este ejemplo: a mí me gusta la letra y música de Fito Páez en la voz de Mercedes Sosa. Y vos decís: pero Mercedes Sosa es folklore. Sí, pero grabó en un montón de idiomas. ¿Por qué nosotros no? Eso también hace al artista. Si sos un pintor y te dan un solo cuadro para pintar, sería muy aburrido. Imaginate en la música, hacer solo un género. Me limito, no crezco, me encierro en mi propio lugar. No quiero eso, porque soy muy curioso. Horacio Guarany grabó en ruso, y algunas de sus canciones se grabaron hasta en chino. En uno de sus discos tiene una canción que se llama “Manhattan”. Y vos decís: ¿cómo un comunista como Horacio Guarany, que viene del folklore y la tierra…? Y sí, se la escribió a la isla de Manhattan por un amor de unos amigos.

De esa forma se retroalimentan, porque hay gente del folklore que se pone a escuchar otras cosas, y viceversa.

- A ver, ¿qué tiene de malo que yo tenga una vestimenta gauchesca y escuche a Sinatra? Nada. Uno no se pone la misma ropa todos los días. Uno se tiene que adaptar. Es parte de la globalización. No hay prejuicio. Es música, es arte. Te podés acercar o te podés alejar, con tu impronta, con tu raíz. Yo también fui a grabar a Miami porque necesitaba hacer un disco nuevo. Si no, sigo con mi disquito de siempre. Pero no, soy curioso, no me gusta quedarme quieto. Por eso voy a grabar con Andrés Castro, con gente de Cuba o de Venezuela, voy a grabar a Los Ángeles, México. Las quenas y los sicus los grabamos acá en la Argentina. Todos los charangos y la parte de los pianos los grabé yo. Si sé tocar una zamba o una chacarera en la guitarra, si de repente tengo que hacer un loop medio reggae en el piano, bueno, genial, mezclemos a ver qué pasa. Eso hace a la variedad de la música. ¿Por qué limitarme, si lo puedo hacer? Es tan divertido estar en el estudio.

En algunas entrevistas mencionaste tu deseo de hacer la “Misa criolla” en el Colón. ¿Lo ves posible?

- Yo sigo teniendo las mismas ganas. No solo la “Misa criolla” en el Colón. ¿Sabés dónde me imagino? En las catedrales. Hacer un tour por las iglesias de las capitales de la Argentina, y por qué no por las de Europa. Me encantaría hacer un DVD, tener un material de eso en cada lugar. Más allá de que soy creyente, me gusta visitar las catedrales por la arquitectura.

Tocaste para el papa Juan Pablo II en el 2000. ¿Te gustaría ahora tocar para Francisco?

- Por qué no. No deja de ser alguien muy importante, y si encima la música me da la posibilidad de conocerlo, sería genial. Pero como dice el título del disco: dejo la vida al viento y que la vida me siga sorprendiendo, mientras tanto, no me quedo sentado esperando. A mí me gusta mucho trabajar.

¿Cómo se formó esa relación tan cercana con Horacio Guarany?

- Yo estaba en quinta división de Boca, pero en una de las pruebas me lesioné la rodilla y quedé afuera. A los diez días, me llamó Horacio Guarany. Un productor con el que él estaba haciendo su disco Cartas me quería escuchar. Guarany me había visto en una de las peñas oficiales y se acordó de mí. En el medio, fuimos a la casa de él un día y mi papá le dejó su tarjeta, porque es pintor de casas. Al día siguiente, llamó Horacio. No era para mí, sino para que mi papá fuera a pintarle la casa. Se hicieron muy amigos. Ahí se armó familia. Los días que terminaba la gira, yo dejaba la valija, agarraba la bicicleta y me iba a la casa de él y le contaba toda la gira. Tomábamos mate, un vinito, una picadita. Siempre me esperaba con algo. Cómo no voy a extrañar eso. Después de una gira, en los veranos, todavía me falta algo. No me puedo acostumbrar en los veranos a no ir a la casa de él, o a que suene el teléfono después de un show y que sea él. Charlar de poesía, literatura, filosofía barata o de la buena. Pasábamos largos minutos sin hablar, viendo pasar los pájaros, mirando. Llegar a compartir un silencio con alguien es difícil. Y es tan lindo… Horacio fue un árbol sabio. Me recostaba en su sabiduría cuando me sentía mal, cuando estaba triste o cuando estaba bien. Todo eso lo aprendí de él.

 ¿Cómo es tu vínculo con la lectura?

- Me gusta leer para escribir. En el primer disco no había muchas canciones ni letras. Claro, tenía 20 años, no había mucha experiencia. Me gusta mucho la poesía. Actualmente hay como una carencia poética, o quizás hay una poesía agresiva. La comprendo, pero no la comparto. Porque es parte de lo que hoy suena, de lo que mis sobrinos escuchan, de lo que veo en los conciertos. A mí no me hace falta putear en una canción, no me sentiría cómodo.

 ¿Cómo está tu salud después de la situación delicada que viviste hace unos años?

- Fue una etapa muy dura y difícil, entendí que cuando estás en esa situación de vulnerabilidad, aparece mucha gente para darte muy buena onda. De esa situación salió un disco [Tu mano]. Los fanáticos me enviaban regalos y yo les decía “¿Por qué no se los entregan a un comedor, a un centro?”. Si querían les reposteabas en las redes, porque para eso son. A veces siento que las redes sociales tienen mucha frivolidad. Yo las utilizo para informar dónde voy a tocar o con qué artista toqué. Con mi privacidad soy bastante celoso. Muestro hasta donde creo que puedo mostrar, y no más. Las cosas que se hacen con amor se hacen en silencio, soy partidario de eso.

¿Estás trabajando en material nuevo?

- Estoy componiendo, estuve en España con [David] Bisbal. Me invitó a sus conciertos en Madrid, aproveché para reunirme con otros artistas colombianos y españoles. Me junté con Antonio José, un artista impresionante que canta y compone superbién, e hicimos una canción juntos. Posiblemente salga algo de eso.