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Solid Rock en Tecnópolis: El poder del fuego sagrado

Por Frank Hernández |
  • Crédito Guido Adler.
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Judas Priest y Alice in Chains demostraron en Buenos Aires que el rock seguirá vivo mientras ellos sigan tocando.

“En la variedad está el gusto”, reza un dicho popular, y cuando se anunció la edición 2018 del festival Solid Rock ese parecía ser el mensaje. La jornada comenzaba con la curiosidad fijada en los Black Star Riders, la nostalgia colgada de Alice In Chains y la fe puesta en Judas Priest.

Los estadounidenses Black Star Riders llegaron como los “menos conocidos” de line up y tuvieron la difícil tarea de levantar a un público que lucía entre apático y contemplativo. Con un show que fue de menos a más, ganaron los aplausos de la audiencia a fuerza de hard rock y simpatía, pero sobre todo apelando a la nostalgia.

A las 20:30 hs aparecieron, entre la oscuridad del escenario, los íconos de una generación: Alice In Chains. Comandados por el gran Jerry Cantrell, legendario guitarrista fundador, la banda más pesada de la generación grunge que emergió de Seattle regresó al país para demostrar que hay vida después de Layne Staley. Con incandescentes reflectores a sus espaldas y esa tradicional manera de cantar a dos voces que siempre tuvieron, Alice In Chains nos permitió viajar en el tiempo a la década del noventa.

Es notable cómo William Duvall se apodera del show con su dominio del escenario. El vocalista no trata de imitar a su predecesor, al contrario, aporta su propio estilo. Temas de la nueva era como “Check My Brain”, “Hollow”, “Never Fade” y “Rainier Fog” lo demuestran. Lo que le permite a Duvall eludir cualquier comparación odiosa. 

También dijeron presente de clásicos como “Again”, “Dam That River” y “We Die Young”. Con el nostálgico “Nutshell” llegaría la calma, seguido del acústico “No Excuses”, en el cual Jerry tomó el micrófono y permitió imaginarse al público en 1994. Los hits “Would?” y “Man in the Box” pusieron a todos en éxtasis, siendo este último el climax de la noche.

La cortina que cubría el escenario mientras se alistaba la salida de Judas Priest elevaba la temperatura del recinto con solo mirarla. Puntuales como un reloj, cayó el telón y aparecieron en escena Rob Halford y compañía interpretando “Firepower”, tema que le da nombre a su nuevo disco. La tarima, adornada en alusión a dicho álbum, transportaba a un mundo donde el fuego era el protagonista.

El clásico “Sinner” fue en donde Rob dio sus primeras demostraciones de impecable voz, algo que continuaría haciendo durante los 90 minutos de show. “Night Comes Down” y “Freewheel Burning” sirvieron de guiño para los más fanáticos, mientras que los clásicos “You’ve got another thing coming” y “Hell bent for leather” -esta última con Halford cantando desde su moto Harley- supieron complacer a las mayorías.

“Turbolover” fue la primera invitación real a cantar, mientras que “Painkiller” fue la ocasión perfecta para que Scott Travis se luciera tras la batería. Esta última contó con un momento emotivo, puesto que la pantalla mostraba al gran Glenn Tipton haciendo los solos, mientras Richie Faulkner y Andy Sneap eran quienes se encargaban de ejecutarlos en la realidad. Halford se ha rodeado de virtuosos músicos que han sabido llenar los zapatos de los que ya no están.

El final llegó con “Breaking the law” y “Living after midnight”. Halford fue último en irse del escenario,  animaba a los presentes a seguir cantando y antes de partir señaló la pantalla. “The priest will be back” (El sacerdote regresará) decía el mensaje que nos dejaron los dioses del metal tras su show.

El Solid Rock recorrió varias ciudades de Brasil, pasó por Chile y cerró en Buenos Aires. Judas Priest y Alice in Chains demostraron que están más vivas que nunca y que el fuego sagrado del rock sigue vivo dentro de ellas. Podemos decir que una vez más, el rock triunfó.