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Isla Mujeres: La piña generacional

Por Juan Manuel Pairone |
  • Gentileza Isla Mujeres
En medio de un contexto abrumadoramente masculino, cuatro chicas hacen lo que parece fácil pero no lo es: visibilizar desigualdades de género. Sus canciones confirman que el grupo es una usina creativa sin techo, y que 'Otras', su primer LP, es sólo la punta de un iceberg feminista.

Tres mujeres cantando y sintiendo en armonía. Quizás esa sea la forma más visceral y menos específica de describir la música de Julia Barreña, Amparo Torres y Elena Radiciotti, integrantes originales de Isla Mujeres, también responsables de la lírica y las líneas melódicas del hoy cuarteto platense completado por la baterista Faustina Sagasti. El grupo es mucho más que tres voces jugando entre diferentes contrapuntos. Pero, como en el comienzo mismo de la historia de la cultura, todo lo que sucede en el universo estético de la banda se inicia con ese vínculo tan antropológico como artístico. Música hecha a partir de esa conjunción que remite a aquello que diferencia al ser humano de las otras especies vivientes: darles sentido a las cosas, expresarlas en palabras, convertirlas en algo más que un sonido atravesando el cosmos.

Publicado a fines de 2017, Otras es el primer disco larga duración de Isla Mujeres, y también uno de los debuts más frescos de la escena platense de los últimos años. Con detalles que recuerdan a Las Ligas Menores, pero con links directos al costado más pop de la escena de la ciudad de las diagonales, el grupo condensa colores y recursos varios en pos de su mayor capital, las canciones. La producción y la mezcla de Gastón Le, de Un Planeta, confirma esa búsqueda por diversos frentes, que incluye referencias a Juana Molina, Rosario Bléflari, Peces Raros o a “Poli” Napolitano, cantante de Sr. Tomate. Todo depende del enfoque de cada pieza particular. Porque aunque los sintetizadores, las guitarras con reverb y las armonías vocales son parte de la marca registrada del grupo, el abordaje de cada canción pone en primer lugar la intención interpretativa y no la necesidad de marcar una posición respecto al statu quo de la música argentina.

Así, “El hambre de la casa”, “Vecinos”, “Ataque de pesadillas” o “No no no” sientan las bases de un repertorio en el que las pequeñas sutilezas conducen a diferentes estados y sensaciones. Y aunque hay momentos en los que el grupo narra pequeñas películas en forma de canción (“Asesina”), la sensación que dejan las letras tiene que ver con una inquietud generacional que pasa más por las preguntas que por las respuestas. Por eso, también, es clave seguir de cerca a la banda para entender que la música es mucho más que sólo acordes y frases capaces de quedar en la memoria. Isla Mujeres es, entre otras cosas, un núcleo autogestivo en el que las cuestiones de género y el feminismo son parte del día a día. Eso no implica reducir toda su obra a una manifestación exclusivamente política. Pero sí, claro, obliga a pensar qué está haciendo el arte y la producción cultural por romper con ciertos moldes preestablecidos. En definitiva, Otras es un paso adelante en esa dirección.