ENTREVISTAS

Al Di Meola: “Lloraba al escuchar a Piazzolla”

Por Federico Martínez Penna |
  • Gentileza del artísta
El próximo 2 de agosto, el excelso guitarrista se va a presentar en el teatro Ópera para repasar una carrera destacada como músico de fusión, que le permitió tocar junto a referentes como Paco de Lucía, Chick Corea, John McLaughlin, entre muchos otros.

De todas las luminarias detrás de las seis cuerdas de su época, Al Di Meola tiene la rara virtud de ser al mismo tiempo un renacentista y un adelantado. Mucho antes de que se pusieran de moda los grupos all star, ya formaba parte de un dream team del jazz-fusión como Return to Forever (junto a Chick Corea, Stanley Clarke y Lenny White), y antes del nacimiento del G3 de Joe Satriani, el guitarrista de Nueva Jersey se había combinado a principio de los 80 con Paco de Lucía y John McLaughlin en uno de los tríos de guitarra más celebrados de la historia. Como si fuera poco, entre medio de ambos proyectos, su curiosidad por el virtuosismo y el lenguaje técnico provocó una tríada de discos fundamentales: Elegant Gypsy (1977), Casino (1978) y Splendido Hotel (1980).

Semejante currículum haría que cualquier mortal decidiera colgar los guantes y continuar conduciendo en un camino de nostalgia. No es su caso: Di Meola sigue teniendo motivos para hacer llorar a la guitarra.

En sintonía con el significado del título de su 34º álbum de estudio, Opus, de 2018, resume todo lo que se conoce de él: progresión y fusión jazz rock con elementos de world music (en especial el tango), guitarras acústicas y eléctricas, capas de percusión y algunos toques de piano e instrumentos paralelos.

Pero dentro de esa órbita hay un trasfondo personal. Di Meola visitó por primera vez el pueblo natal de sus abuelos –Cerreto Sannita, en Nápoles–, le dedicó una canción y de él tomó su escudo de armas para ilustrar la tapa del disco. “No tenía ni idea de qué podía encontrarme al llegar ahí, pero fue mágico”, dice desde Los Ángeles en conversación telefónica con Billboard. Antes de una nueva gira latinoamericana, subraya el impacto del encuentro con sus antepasados. “En esa villa de 3000 personas había muchísimos familiares míos de los que no sabía nada, pero ellos me conocían a mí y me recibieron como si fuese ʽel Padrinoʼ [risas]. Pero fue encantador. Por eso, el sentido de la familia y mi vida actual con mi esposa Stephanie fueron centrales para esta nueva etapa”.

Tenés una historia profunda con la música latinoamericana y en especial la de nuestro país. De hecho Opus abre con una milonga, y también participa el pianista Darío Eskenazi. ¿Qué cosas fueron las que más te impactaron?

Cuando descubrí a Astor Piazzolla noté una combinación de mucha intelectualidad y al mismo tiempo mucho corazón. A veces lloraba al escucharlo. ¿Qué mejor halago podés tener que tocarle el corazón a alguien con la música? Creo que ese fue el cambio más motivador que tuve musicalmente. Me ayudó a desarrollar el estilo y el sonido que tengo hoy, y por eso mi conexión con la Argentina es especial.

¿Cómo fue tu relación con él?

Muy buena. Astor y yo nos hicimos muy amigos en sus últimos años, y cuando lamentablemente tuvo el infarto, fue además con un timing malísimo, porque apenas terminó su ópera en París, me había ofrecido un proyecto para que trabajáramos juntos. Nos escribíamos muchísimas cartas y hablábamos por teléfono seguido. Me acuerdo que me decía: “Alberto, te voy a mandar algo que quiero que toques”, y al mismo tiempo me enviaba notas felicitándome. Es increíble cuando lo pienso, porque él me consultaba cómo teníamos que hacer el disco: si yo lo prefería con orquesta, dúo o cuarteto. No podía creer que este semidios estuviera preguntándome a mí estas cosas. Tengo los mejores recuerdos de él.

¿Y de Return to Forever? Después de Romantic Warrior parecía que tenían un gran panorama para seguir construyendo con esa formación...

Nunca se llegó a la cima a la que yo creí que se podía llegar. Chick no se dio cuenta de que tenía a los Beatles de la fusión. La cienciología se metió en el camino, y eso le distorsionó su forma de pensar, su costado más racional. Fue un final muy triste, porque teníamos un futuro muy prometedor. Hoy pienso que Return to Forever tenía al menos cinco o diez discos más para poder seguir evolucionando. De todas formas, eso no quiere decir que Chick no sea un compositor brillante, que de hecho lo es, pero la religión le lavó la cabeza. Lo arruinó todo y no le permitió explotar las oportunidades que teníamos en frente.

¿Pudiste compartir tiempo con Paco en sus últimos años?

Sí. Después de la reunión en 1996 no lo había visto por un tiempo, pero un año antes de que muriera, en 2013, él tocaba en un festival en Alemania y se hablaba de hacer “Mediterranean Sundance” juntos. Entonces me llamó al hotel y me dijo “Venite”. Esa fue la última vez que compartimos el escenario, y fue hermoso. Después nos quedamos en el hotel hablando toda la noche. Paco estaba en una nueva frecuencia en su vida, había dejado de lado cosas que no le hacían bien, y por suerte cerramos nuestra relación de la mejor manera posible.

Del clásico disco que editaron en 1981, Friday Night in San Francisco, imagino que hay grabaciones que no vieron la luz. ¿Hay posibilidades de que se publiquen?

¡De hecho, sí! Hay un set entero que se grabó el sábado siguiente, y desde 1980 quedaron todas las cintas de dos pulgadas en el estudio de mi sótano. Son otros temas, otros músicos. Cuando empecé a revisarlas el año pasado no tenía idea de cómo podían llegar a sonar, así que tuve que meterlas en el horno para cocerlas, que es parte del proceso habitual de restauración. Pusimos play y nos dimos cuenta de que sonaba perfecto. Hicimos un pre-mix, se lo mandamos a John en Marruecos y ahora estamos esperando sus devoluciones. Hablamos con la mujer de Paco y está superentusiasmada con el proyecto.