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El Bordo en La Usina: Debut acústico

  • PH: Emmanuel Distilo
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La banda liderada por Ale Kurz comenzó los festejos por los 20 años el 7 de junio, al realizar por primera vez en su carrera un show acústico. Fue en la Usina del Arte y las entradas se agotaron en una hora.

“Es raro esto de estar sentados, eh”, dijo Ale Kurz, de camisa leñadora y jean desgarrado a la altura de la rodilla, antes de arremeter con una versión sin distorsión pero igual de rabiosa de “Silbando una ilusión”. Las fuerza electroacústica de su guitarra no se quedó corta ni fue incongruente respecto al grito que explota en el estribillo y que resalta no sólo el espíritu grunge porteño de la canción sino también de la banda que lidera: “Vengo arrastrando esta pena que ruge y agita lamentos de un corazón roto que a veces, a veces, tiene razón”.

El auditorio principal de la Usina del Arte se vistió de living para albergar el acústico de El Bordo: docenas de veladores de distinto tamaño contagiaron calidez y atenuaron el clima del lugar, a tono con los decibeles propuestos para este show especial. Era la primera vez que encaraban un unplugged y con este formato fue que eligieron comenzar los festejos por sus 20 años de carrera.

Arriba del escenario, fueron los cinco de siempre (Ale Kurz, Pablo Spivak, Diego Kurz, Miguel Soifer y Leandro Cohon) más Marcelo Telechea (en piano y teclados) y Lionel Mazzini (set de percusión), ambos del combo reggae Contravos. Pero no fueron los únicos recursos con los que contaron para reformular su repertorio: la vibración sónica del gong detrás de la batería de Soifer fue lo primero que se oyó en la noche, antes de que arremetieran con los acordes acelerados de “La libertad”. Un acordeón manipulado por el “Cuervo” Cohon le aportó un color tanguero a la versión de “Cansado de ser”. Las teclas abordaron desde un aire reggae a “Todo y más”, mientras que la chacarera-rock de “Tesoro” levó por el diálogo guitarrero entre los hermanos Kurz. Además, invitaron a las cuerdas de Javier Casalla (violín) y a Paula Pomeraniec (cello) para agregar tensión en “Volando” e “Instinto”; también estuvo la garganta aguardentosa de Facundo Soto (Guasones) para que pintara en tonos negros & azules los versos de “¿A dónde vas?”.

En tanto la energía de “Los Perdidos”, que agotaron las entradas (gratuitas) en apenas una hora (“Ustedes están re locos”, los celebró Ale), era la misma que en cualquier recital del grupo. Enchufados, desenchufados: para los fans dio igual, porque a juzgar por ese cántico montado sobre la melodía de “Karma Chameleon” (Culture Club), siempre “El Bordo baila su rocanrol”.

Aunque la sugerencia indicada en el programa del show era “disfrutar de la experiencia con todos sus sentidos disponibles y sin ningún aparato tecnológico de por medio: apaguemos por un rato los celulares, y estemos aquí y ahora en esta oportunidad invaluable de encontrarnos”, fueron muchos los que se alzaron en todo momento, pero más cuando presentaron una canción inédita, escrita en 1999. El estreno de “Desde arriba”, con un punteo muy a lo Creedence Clearwater Revival, reforzó el gusto de El Bordo por el rock de cepa norteamericana, que ya venía sobrevolando desde principios del show y que, salvando distancias, lo hermana a los históricos MTV Unplugged de artistas como The Black Crowes, Pearl Jam, Neil Young o Nirvana.

Además de hacer un resumen de su extenso repertorio (nada más faltaron canciones del inicial “Carnaval de las heridas”, editado en 2002) se permitieron saludar a dos clásicos del rock nacional. Curiosamente, dos que en sus grabaciones originales cuentan con Andrés Calamaro entre el personal: “Himno de mi corazón” y “Dulce condena”. El latido electrónico del tema de Los Abuelos de la Nada se rehízo en una versión campestre montada en el violín de Casalla (que lo tocó tanto con el arco como con los dedos) y la mandolina empuñada por Diego Kurz; mientras que en la otra se acentuó el mood radial, logrando un punto medio que se sintonizó entre la original de Los Rodríguez y la popularizada por Fabiana Cantilo.

No sé si se enteraron, pero lo estamos grabando. Y si nos equivocamos, volvemos a empezar”, había dicho Ale respecto a que todo estaba siendo registrado para una posterior edición (tentativamente, en septiembre próximo). Salvo en “Dejar caer el sol”, que tuvieron que arrancarla de nuevo, no hubo segundas tomas. Y así, llegaron a la definitiva “En la vereda”, para terminar de desatar la euforia de los miles de presentes que, fielmente, acompañaron esta celebración que apenas está comenzando.