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Vanthra en La Trastienda: La piel del camino

Por Pablo Díaz Marenghi |
  • PH: High Noise - Fer García
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La presentación oficial del nuevo proyecto de Fernando Ruíz Díaz (Catupecu Machu) desnudó un ensamble minimalista consolidado, que apela a un sonido más crudo y tribal.

“Muchas gracias a todos por venir. Desbordamos de felicidad”, dice un Fernando Ruíz Díaz sereno y maduro. Atrás quedaron aquellas épocas de “fuertes madrugadas que al otro día siento”: a los 49 años, se lo ve sereno y enfocado en su nuevo proyecto, Vanthra, que lo unió a viejos compañeros de ruta en nuevos roles: Charlie Noguera (productor de Catupecu Machu) y Pape Fioravanti (mánager de CM), hoy lo acompañan como bajista-guitarrista y percusionista, respectivamente. A la vez, ambos son multiinstrumentistas: comandan octapads y teclados moogs que le dan a la banda un estilo moderno mediante programaciones electrónicas que exceden al rock clásico.

Por momentos más cancionero, a veces más étnico o cuasi world music, Vanthra se presentó de manera oficial en Buenos Aires la noche del viernes 8 de junio en La Trastienda. Un público fiel, que coreó a los gritos los tres clásicos de Catupecu que sonaron, le dio el visto bueno a la nueva apuesta sonora del frontman que decidió darle un descanso a su banda de siempre para incursionar en melodías que plantean un salvajismo diferente al del mosh de aquellas noches de Cemento.

El comienzo, con “El desierto de Dios” y “Siempre”, desplegó la faceta más demoledora del nuevo grupo: un canto que se torna gutural, letras introspectivas y el bombo legüero que cobra relevancia y se convierte en un ordenador rítmico peculiar. Tal es la clave sonora de Vanthra, la fusión entre lo maquínico y lo folklórico, que remite a canciones de Catupecu como “Viaje del miedo” o las puestas en escena de Madera Microchip. Ruíz Díaz, capitán de este barco, decidió torcer el timón hacia la conexión más profunda con sus raíces, influenciado por su relación con su hija Lila (protagonista del videoclip de “Canción Sola”) y su hermano Gabriel, quien se encuentra en una especie de sueño perpetuo desde aquel trágico accidente de 2006. Por momentos, se calza el bajo y Noguera se centra en la guitarra. Sus solos de viola son menos extensos pero igual de contundentes.

Tres clásicos de la banda de los hermanos Ruíz Díaz sonaron y dejaron al público a cargo de la lírica: “A veces vuelvo”, “Magia Veneno” y “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”. Reversionados, con un pulso más lindante a un folk electrificado, sirvieron como muestra de que los músicos pueden pervertir a los clásicos. Otra muestra fue el cover de “Ella vendrá”, de Don Cornelio y la Zona, hit de los ochenta. Después, en el tema “Vanthra Lila”, Ruíz Díaz tocó un tambor solar, peculiar instrumento de percusión con un sonido cercano al xilófono.

Con un clima intimista, el trío revalidó una apuesta híbrida que mixtura lo electrónico y lo cancionero, lo mecánico y lo primitivo, construyendo un sonido libre de cualquier atadura. Tal como cantaba Ruíz Díaz en uno de los últimos temas de Catupecu, “me calcé la piel del camino, lo viajé, crucé laberintos, me solté”.