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El goce orquestal de la 20º edición de los Premios Gardel

Por Patricio Féminis |
  • Gentileza Premios Gardel
Con dirección y arreglos de Popi Spatocco, la Orquesta Premios Gardel elevó la calidad de la ceremonia de las estatuillas de la industria de la música. Acompañó a los distintos números y segmentos musicales y, al final, a Charly García. Sin lugares comunes o clichés, la música popular y la sinfónica convivieron en la noche de los Gardel.

“¡Mirá, el imitador de Sandro! ¡Animate!”, dice Charly García señalando al tipo de traje, rosa roja y patillas, abajo del escenario de la Sala Sinfónica del CCK. Son las 00:30 y está finalizando la entrega de la 20º edición de los Premios Gardel. En sus butacas, congelan su sonrisa los dos jóvenes pop a los que García, con su disco Random, les disputó y ganó los premios Álbum del Año y el Gardel de Oro: Axel y Luciano Pereyra. En segundos, el sobreviviente del rock y de la música popular sin fronteras se vestirá con la destreza sinfónica planeada para decir adiós con “Inconsciente colectivo”: la Orquesta Premios Gardel.

Su director y arreglador sonríe con los brazos en alto, sin tensión: es Popi Spatocco, pianista y arreglador de Mercedes Sosa por años. “Dale, Popi”, carraspea García, de saco plateado, frente a su sintetizador; y alrededor, los 52 músicos de la Orquesta Premios Gardel sostienen sus nítidos compases aunque el Bicolor comience a cantar varios antes. Pero Spatocco no se va a perder. Desde el inicio de la ceremonia, a las 22:00, su goce sinfónico dominó el azar del show y llenó de excelencia emotiva los veinte años de los Gardel.

La Orquesta había arrancado con el previsible “Tema de los Premios Gardel”, compuesto por Spatocco para acompañar el collage de voces en la pantalla: Axel, Mercedes Sosa, Gustavo Cerati, León Gieco, Charly García, Adrián Dárgelos, Abel Pintos, Andrés Calamaro, Ricardo Mollo, la Bersuit, Sandro y Spinetta. Sin golpes de efecto sinfónicos. “La música… es música”, había dicho Charly. Y toda ella fue la Orquesta Premios Gardel.

En el primer intermezzo musical, acompañó a David Lebón y Rocco Posca en “Suéltate, rock and roll”. Aunque el momento perdurable ocurrió antes de la mitad de la entrega, cuando abordó la obra El amor nos une y varios artistas hicieron duetos en canciones del oído colectivo argentino: “Tonada del viejo amor”, por Ariel Ardit junto a Lula Bertoldi, voz y guitarra de Eruca Sativa; “El día que me quieras”, con Nahuel Pennisi y Daniela Herrero; o la jugada mezcla de Charo Bogarín y Daniel Agostini en “Te quiero tanto, de Sergio Denis. Luego pasó “Un vestido y un amor”, y todos retomaron los primeros motivos rumbo a la ovación: Spatocco Conducción.

Más tarde, el sonido sinfónico flotaría con los punzantes compases del trap de Duki, capo del género en el país, y, ya más cerca de García, el cuarto musical fue un colchón en la voz de Axel: “Soñemos juntos”. Menos solemne volvería la Orquesta para homenajear a soñadores musicales nada efímeros en “Tema del Obituario”, también de Spatocco, en sincronía con la pantalla en la Sala Sinfónica.

El único tema sin orquesta se vio y oyó desde el hall del CCK: Los Carabajal, sentados en círculo junto a Sandra Mihanovich, abordaron “Como pájaros en el aire”, de Peteco Carabajal. Otro nivel de emoción a la par de los flashes y de la estridencia de otros años. ¿Qué ocurrirá en 2019? ¿Volverá a apostar CAPIF por la pericia orquestal sin clichés, para sus premios? La respuesta está flotando en la industria. Y así la desafió García al final: “¡Hay que prohibir el autotune!”.