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La Playa de Luvert: La sabiduría disfrazada

Por Juan Manuel Pairone |
Los misioneros se suman a la camada de músicos de aquella provincia que empiezan a pisar fuerte en una escena nacional en la que YouTube y Spotify parecen achicar las distancias. ¿Su secreto? Canciones que dejan una huella difícil de borrar.

Es sábado a la noche en Posadas, Misiones, y La Playa de Luvert está tocando frente a unas 300 personas. El último fin de semana de abril ha llegado, pero el calor y la humedad no dan tregua. Las canciones que suenan desde el escenario forman parte de un primer disco homónimo que acaba de salir apenas un par de días antes. Sin embargo, todos parecen conocer cada melodía de guitarra, cada estribillo, cada corte liderado por la batería. Cuando un tema llega a su fin, no se escuchan aplausos tímidos: el público grita, silba, vitorea. Allí, donde el noreste argentino se confunde con la frontera paraguaya y Brasil es una realidad a poco más de 100 kilómetros de distancia, grandes cosas están sucediendo.

La Playa de Luvert es la última expresión concreta del crecimiento de la escena misionera tanto en materia de música como de gestión. Luego de la exposición ganada por artistas como Ignacio Del Pórtico o La Otra Cara de La Nada, radicados en Buenos Aires y agentes activos de la renovación del circuito porteño, ahora parece ser el turno de este joven quinteto (Gonzalo Lezcano, Lisandro Rivas, Augusto Lagable, Luciano Domínguez y Genaro Melo) que todavía arremete desde su lugar de origen. Sin embargo, quien haya sido testigo de algún concierto emergente en la capital de la provincia del Litoral sabe que hay una buena razón para militar artísticamente desde Misiones. Con una camada de público de jóvenes sub-25 en pleno desarrollo, Posadas se ha convertido en una plaza atractiva para tocar, ganar experiencia y, fundamentalmente, recibir una buena dosis de atención.

El debut homónimo de La Playa de Luvert representa una foto tentativa de ese ecosistema en franco crecimiento. Producido por Ignacio Acevedo (nombre real de Del Pórtico, separado de La Otra Cara de La Nada “por comportamientos de carácter manipulador y abusivo”), el álbum retoma el vínculo de esta camada de artistas con el dream-pop estadounidense, de guitarras cristalinas y líneas melódicas envolventes. En gemas idílicas como “Piscis”, “Sacado” o “Caminar”, ese enlace musical se emparenta con el Johnny Marr canónico de The Smiths. Pero más allá de las referencias, lo fundamental es la certeza que genera un cancionero que habla en sus propios términos. Como postales de final de la escuela secundaria y comienzo de vida adulta, los temas de La Playa de Luvert conmueven con su lírica y su vocación preciosista. Pueden parecer ingenuos en una primera escucha, pero esconden una sabiduría que no entiende de edades ni geografías.