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Fabiana Cantilo combinó tango y rock en La Trastienda

Por Marcelo Fernández Bitar |
  • PH: Marcela Casarino
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En la lluviosa noche del jueves, la popular cantante presentó su nuevo espectáculo, “Fabiana de Buenos Aires”, a sala llena.

El flyer que circuló por las redes sociales era bien claro: “7 tangos + 7 rocks + 2 bises”. Esa ecuación, más el título “Fabiana de Buenos Aires”, hacían suponer que Fabi había vuelto a barajar las canciones de su amplio repertorio para dar forma a un nuevo espectáculo. Y así fue: en su debut del jueves a la noche en La Trastienda mostró un proyecto tan novedoso y refulgente como fue su exitoso “Proyecto 33” de las últimas dos temporadas, plasmado en un reciente CD+DVD.

La ecuación no solo fue precisa en cuanto a las cantidades sino también al orden: tres bloques de canciones, cada una con su tono, ritmo, estilo y hasta vestuario. El arranque, poco minutos después de las 21:00, fue con “El día que me quieras”, acompañada por el piano de Cay Gutiérrez y luego la banda formada por otro fiel escudero de décadas en el bajo, Marcelo Capasso, más los recientes Marian Pellegrino en guitarras y Silvio Otolini en batería.

Fabi se internó en el universo tanguero con pelo recogido, un elegante vestido negro con flecos y zapatos rojos, cual Dorothy del “Mago de Oz”. Atrás, una pantalla circular ilustró cada tema con alusivas proyecciones bien porteñas, por ejemplo viejas fotos de cafés emblemáticos en “Cafetín de Buenos Aires”, la estatua del pensador de Rodin en “Uno”, y paisajes urbanos en “Volver”.

El público no solo respondió con aplausos y ovaciones a cada tango, sino que se sumó a hacer coros y estalló con “Balada para un loco”, aquel Piazzolla-Ferrer que fue punta de lanza de “Proyecto 33”. Fabi, feliz, bailaba algunos tramos como un vals y recitaba como una actriz poseída los tramos hablados. Es impactante lo bien que le sienta el tango a una rockera como ella.

El cierre de las canciones tradicionales fue “Cambalache”, con proyecciones de películas de Charles Chaplin, y enseguida llegó el momento bisagra que unió el tango con el rock: “Loca tuca de Dios”, de Fito Paéz, junto a una bailarina que daba vueltas mientras ella cantaba sentada en una banqueta alta, y que al final la bañó en purpurina, le cambió los zapatos por unas botitas, y le puso una campera de jean y una guitarra. Con una patada a la banqueta, Fabi se soltó el pelo y con “Micrón de segundo” dio comienzo al tramo rockero.

Los seis rocks siguientes, todos de su autoría y con sendos videoclips proyectados atrás suyo, fueron “Jupiter”, “Superamor”, “De una vez” (donde se lució Marisa Mere en coros), “Ya fue”, “La vela” y “Solo quiero dormir”, donde armó un sketch con médicos, enfermeras y guiños a su tan mediática internación de diez años atrás. Además, en algunos tramos mostró una suerte de desdoblamiento de personalidad llamada Judith, una supuesta exvedette capaz de publicitar el merchandising o hacer bromas entre tema y tema.

Promediando la hora de recital, se despidió y enseguida llegaron los bises: “Payaso” y una excelente versión del “El primero te lo regalan, el segundo te lo venden” de Los Twist, con solos de piano, bajo, batería y guitarra. “¡Gracias por el amor!” y “Paz en el mundo” fueron sus frases de despedida. La gente se quedó largo tiempo pidiendo un tema más, pero Fabi no volvió. El hechizo ya había sido conjurado y “Fabiana de Buenos Aires” se retiró hasta su próxima vuelta en escena, aquí, allá y en otras partes.