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Babasónicos en Obras: El retorno eléctrico

Por Marianela Quinteros |
  • PH: Martín Bonetto
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Después de una gira acústica, la banda liderada por Adrián Dárgelos repasó su discografía en El Templo del Rock en dos fechas a sala llena, y dio una lección de cómo ser los distintos del rock nacional.

Un mensaje que es mitad en alemán y mitad en inglés enciende la pantalla LED que está detrás de los instrumentos. “Mies van der Rohe, Crown Hall, Chicago, 1950” es el texto que alude a la obra del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe, quien describe a la misma como un trabajo de estética simple, pero con estructura de acero y una articulación precisa. Resulta un spoiler de lo que Babasónicos mostrará en las siguientes dos horas.

El recorrido empieza con “Tormento”, del disco A Propósito (2011); al anunciar su “tormenta tropical” dan comienzo a un viaje extenso que pasa por casi toda su discografía. El itinerario sigue con la directa y sensual “Suturno”, de Infame (2003), y al coro de “quiero revolcarme con vos”, Adrián Dárgelos invita al público a calentar motores y a acelerar en “Y qué”, también de Infame

Arriba, de camisa, chaleco y pantalón, barba canosa y pelo largo, el líder Dárgelos (voz) regala su divismo histriónico. Detrás, Diego Rodríguez (voz, guitarras, percusión), Mariano Roger (guitarras), Tuta Torres (bajo), Diego Tuñón (teclados), Diego Panza Castellano (batería) y Carca (percusión). Abajo, un estadio Obras con localidades agotadas. Fanáticos con outfits excéntricos que van desde el cuero y Dr. Martens a las remeras hechas a mano con letras de canciones e imágenes de tapas de discos.

A mitad de la velada, suena “Los calientes” de Jessico (2001), tema nexo entre los fans más maduros y los nuevos; le sigue “Fizz”, del mismo disco, y luego “Desfachatados”, de Miami (1999).  Este último invoca a un pogo furioso, que aun así no supera el revuelo causado por “Pendejo”, de Jessico.

A la banda le bastan las dos horas de recital para mostrar que las tandas acústicas de Repuesto de Fe e Impuesto de Fe no bajaron su intensidad eléctrica. Volvieron recargados y prometedores, con sed de mostrar su nuevo material de estudio, próximo a ser lanzado este año. Con solo dos horas logran reafirmar lo propuesto en el primer mensaje en pantalla. Con escenografía simple y actuaciones poco jugadas, logran transmitir un mensaje poderoso como el acero de Mies van der Rohe. Muestran una fórmula conocida, pero que en ellos, se ve distinta. Porque eso son, fueron y garantizan ser: los distintos del rock nacional.