BODAS DE ORO

Cuando Frank Zappa demostró que no todo lo que brilla es oro

Por Violeta Micheloni |
Por medio de una insistente búsqueda entre sonidos genuinos, Frank Zappa grabó 'We’re Only in It for the Money' y denunció la frivolidad que contaminó al establishment del rock durante fines de los 60. El disco cumple 50 años.

En 1967, había entrado en escena la topadora Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el álbum que marcó a fuego el fenómeno hippie dándole nivel global a su música, pero sobre todo a su actitud. Algo estaba cambiando, y el establishment mediático comenzaba a hacerse eco. Sin embargo, la ola del verano eterno empezaba a perder fuerza y las críticas ya se hacían oír. En 1968, John Lennon y George Harrison se iban asqueados del ashram del Maharishi al darse cuenta de que el gurú era un blef que acosaba a sus compañeras. También, ese año, la eszcritora Joan Didion publicaba la crónica Arrastrándose hasta Belén, en la que revelaba que el San Francisco del flower power era en realidad una trampa de abandonos y abusos de todas las clases. Para 1967, la banda de Zappa –los Mothers– ya tenía algunos años y dos discos bajo el brazo, Freak Out! (1966) y Absolutely Free (1967), y se afirmaba como parte indiscutida de la escena del rock psicodélico de Los Ángeles liderada en ese tiempo por Arthur Lee, de Love.

Luego de los primeros dos LP, el grupo se dirigió a Nueva York para grabar el material de un proyecto más grande denominado No Commercial Potential, del que surgirían sus cuatro discos posteriores. Frente al efecto imparable de la aparición de Sgt. Pepper’s, Zappa decidió modificar el concepto de parte de ese material para orientarlo a una sátira clara del fenómeno beatle, pero también de toda la escena que decía necesitar solo amor y ácido. We’re Only in It for the Money (literalmente, “Estamos en esto solamente por el dinero”) marcó un antes y un después para Zappa y banda.

El disco se abre con Are You Hung Up?, un montaje de diálogos y grabaciones de algo más de un minuto que presenta algunos de los sonidos que van a funcionar como puntuación a lo largo de todo el álbum. El segundo corte –Who Needs the Peace Corps?– se mete de lleno con el fenómeno hippie de San Francisco y define los blancos claros del comentario social: la pose del pseudo-hippie, el american way y el estado policial represivo: "Voy a amar a todos, voy a amar a la policía mientras me caga a trompadas en la calle…".

La imprevisibilidad fue la clave del LP: cada tema toma direcciones completamente inesperadas en un momento creativo en el que Zappa había extendido la experimentación no solo a los juegos combinatorios de psicodelia, pop melódico, jazz y rock progresivo, sino que la propia grabación y mezcla de sonido se revelaba como un instrumento musical más. Sorprenden juegos como el casi operístico diálogo entre los temas Let’s Make the Water Turn Black y The Idiot Bastard Son, que termina invocándonos a los propios oyentes del disco; o la aparición repentina en Lonely Little Girl de fragmentos sonoros de las pistas anteriores.

Para el final, con The Chrome Plated Megaphone of Destiny, Zappa llevó el desafío hasta el extremo introduciendo algo de lo que más adelante exploraría en el ámbito de la música concreta. La formación de los Mothers varió a lo largo de los años, pero por ese tiempo sus integrantes eran Jimmy Carl Black, Roy Estrada, Bunk Gardner, Billy Mundi, Don Preston, Euclid James “Motorhead” Sherwood, Ian Underwood y el propio Zappa en su rol de compositor y director de orquesta.

De derechos, obligaciones y otras censuras

We’re Only in It for the Money marcó, además, la primera colaboración entre Zappa y Cal Schenkel, artista plástico con el que trabajaría en el arte de todos sus discos hasta 1999. La famosa tapa implicó una sesión de fotos especialmente organizada de la que participaron todos los integrantes de la banda, amigos como Jimi Hendrix y Gail Sloatman, con quien Zappa iba a casarse ese mismo año. La obvia burla se logra mediante la inversión: donde los de Liverpool usaban un cielo celeste, flores formando la palabra “Beatles” y recortes de caras de famosos, los Mothers se presentan en un cielo tormentoso, usan frutas y verduras para formar el nombre de la banda y casi todos los recortes unidos al collage son de famosos clase B con los ojos tapados.

Llegado el momento del lanzamiento, MGM, dueña de Verve Records, se negó a editar el disco con la tapa preparada. Frente a esta negativa, Frank contactó a Paul McCartney para conseguir la autorización, pero Paul se desligó del tema aduciendo que era un problema para los representantes. El álbum finalmente se lanzó en su primera edición de 1968 con el arte que estaba previsto para el interior –también en clave de sátira, pero menos evidente–, y el collage quedó para las tapas internas. La censura no iba a quedar allí, ya que MGM intervino el máster final, recortando las letras de más de cuatro pistas por cuestiones de decoro y buenas costumbres. Tiempo después, Zappa se negó a aceptar un premio por el álbum, sosteniendo que “prefería que le dieran el premio al tipo que modificó el disco”. Recién en 1985 y con sello propio, We’re Only in It for the Money sería editado con la tapa y música tal y como la banda las quería.

Frank Zappa compositor

La ironía del burlador burlado fue el éxito comercial del disco. A la vez, la fama lo volvió una personalidad habitual en la televisión de la época, que intentaba a toda costa encajarlo en el fenómeno hippie y explotaba su costado freak mostrándolo como el raro y oscuro Frank Zappa. Como él mismo lo relata en el documental Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words (2016), muchos lo conocían, pero pocos lo escuchaban. Para un tipo con formación clásica que aspiraba a la legitimación en el mundo musical, acostumbrado al rol del entertainer pero deseando reconocimiento como compositor y artista polifacético, la frustración no debía ser menor. Como fuera, el oriundo de Baltimore hijo de inmigrantes griegos y sicilianos supo construir en el margen de la industria un espacio propio en el que desarrolló un proyecto artístico autónomo con un cóctel de humor, crítica y creatividad que no muchos pudieron superar.