REPORTAJES

BTS: La imponente marea coreana

Ningún sonido del planeta genera un fanatismo tan obsesivo como el K- pop. Finalmente, los “boy scouts a prueba de balas” exportaron la manía a los Estados Unidos. Los coreanos arrean a millennials insatisfechos alrededor del mundo.

Construida en la posguerra de 1957 como un salón de recepción para dignatarios internacionales, la Casa de Corea es un tranquilo oasis en el tumulto de Seúl, con un fotogénico jardín y una colección de antiguas casas coreanas conocidas como hanoks. Normalmente es el escenario de bodas o dramas históricos televisivos, pero en esta brillante mañana de mediados de enero es el refugio para el septeto de pop coreano BTS, cuya fama trascendió a la esfera tradicional del K-pop y especialmente, en los últimos seis meses, se trasladó a los Estados Unidos.

Cuando llego, la banda está secuestrada dentro de una habitación, vigilada por la seguridad. En el cuarto contiguo merodean más de 20 maquilladores, publicistas y otros asistentes de la agencia de management del grupo, BigHit Entertainment, masticando snacks y bebiendo tragos. Todos hablan en voz baja. Los miembros de BTS necesitan unos 15 minutos extra antes de la sesión de fotos, me avisan. Comprensiblemente, están exhaustos: desde Año Nuevo su agenda está abarrotada de actuaciones, apariciones televisivas y comerciales. Volé a Seúl expresamente para verlos en esta rara apertura de su calendario.

El primero en salir de la habitación es J-Hope, de 23 años, que previamente fue un bailarín callejero; da unos saltos en la escalera y regresa para acompañar a RM, también de 23, líder del grupo y su embajador de habla inglesa. El resto hace fila similarmente vestido con conjuntos de tonos oscuros Yves Saint-Laurent: Suga (24) es el rapero emotivo e idealista; Jimin (22), el bailarín moderno con cara de chico; V (22), el maestro impresionista; Jungkook (20) es bueno en todo (siendo el más joven, tiene una posición privilegiada en el K-pop); y a Jin (25) se lo conoce como “El más lindo del mundo”. Forman un semicírculo de cortes taza multicolores, y RM hace comentarios sobre lo alto que soy (mido 1,82 m) y que sé hablar coreano (como un chico de diez años).

Están listos para las fotos, pero su cansancio requiere otros 15 minutos de descanso. El tiempo es oro, pero estos muchachos valen un montón. Es razonable que BigHit los trate como joyas. Están entre las mayores estrellas del K-pop –su último álbum, Love Yourself: Her, de 2017, vendió 1,58 millones de copias en todo el mundo, según BigHit–. Y aunque no son aún un nombre de peso en los Estados Unidos, BTS –sigla de Bangtan Sonyeondan, que puede traducirse como “boy scouts a prueba de balas”– arroja números sin precedentes para un grupo que canta en coreano a un público norteamericano que venía resistiendo los encantos del K-pop.

Love Yourself: Her debutó en el séptimo puesto del Billboard 200 en septiembre de 2017, y BTS alega tener los dos singles más exitosos en la historia del K-pop: DNA (que alcanzó el puesto 67 del Billboard Hot 100) y el remix de Steve Aoki de Mic Drop, con la participación de Desiigner (puesto 28). Solo en los Estados Unidos, BTS vendió 1,6 millones de descargas y mil millones y medio de demandas para reproducciones, según Nielsen Music.

BTS se conectó con millennials alrededor del mundo aun cuando (o mejor dicho, debido a que) el grupo parece desafiar las convenciones del K-pop y las boy bands en general. Seguro, hay canciones de amor y movimientos de baile, pero la música de BTS, que los miembros del grupo se animaron a escribir desde el inicio, apunta a un miope sistema educativo, el materialismo y los medios que dan rienda a una estructura aparentemente ensañada con las generaciones jóvenes. “Honestamente, desde nuestro punto de vista, para nuestra generación cada nuevo día es estresante; es difícil conseguir trabajo y se vuelve cada vez más difícil ir a la universidad –dice RM, hasta hace poco conocido como Rap Monster–. Los adultos deben crear políticas que faciliten un cambio social. Ya mismo, las clases privilegiadas, los poderosos, necesitan cambiar el modo en que piensan”. Suga se suma: “Y esto no pasa solo en Corea, sino en todo el mundo. Estas son las razones por las que nuestra música pega en los adolescentes, los de 20 y 30 años”.

Terminada la sesión de fotos, nos sentamos en los sillones de un pequeño living entre los estudios de producción de BigHit; los músicos cambiaron sus trajes por ropas más cómodas, pero igualmente elegantes. Aquí en casa, hablando en coreano, están más calmos y menos interesados en impresionar que en su reciente, ocasionalmente incómoda gira de prensa norteamericana, donde concedieron entrevistas para The Late Show With James Corden, Jimmy Kimmel Live! y The Ellen DeGeneres Show –en donde RM evadió graciosamente preguntas sobre sus relaciones–. Hoy, sus voces son notoriamente más profundas y sonoras. Como de costumbre, RM es el que más habla, a menudo trasladando preguntas a los miembros más callados. Pero Suga es una sorpresa: reflexivo y charlatán, parece listo para una batalla de rap sobre conciencia social.

El fanatismo rabioso por el K-pop es ya un cliché de la cultura pop. En un mundo donde los fans de las estrellas americanas están listos para chicanear y pelear con fans de “estrellas rivales” (Beatlemanía multiplicada por Internet, básicamente), los fans del K-pop son legendariamente devotos e influyentes. La BTS ARMY es la maquinaria detrás del fenómeno: traducen letras y reproducen apariciones en los medios coreanos, multiplican reproducciones, likes y retuits para que los BTS hagan tendencia en Twitter y YouTube, e inundan la web con encuestas y competencias on-line. BigHit dice que difunde novedades y actualizaciones primero entre los fans, para no enfurecer a los miembros del ARMY.

La base global de fans explica por qué los charts norteamericanos están liderados por un grupo del que nunca se oyó hablar, más allá de que han hecho shows nocturnos, aparecieron en la entrega de premios Billboard Music Awards (donde alzaron el trofeo al artista más votado por fans, en 2017) y tocaron en los American Music Awards (“Los AMA fueron el mayor premio que pudieron darnos nuestros fans”, dice Suga). Puramente en términos de medios sociales, los ARMY son el fenómeno del momento, habiendo impulsado a los BTS a mantenerse durante 58 semanas en el N° 1 del chart Social 50, un lapso de permanencia que los coloca segundos detrás de Justin Bieber y que duplica el número de semanas conseguido por el tercer artista –ni más ni menos que Taylor Swift–.

Los ARMY no solo idolatran a los miembros de BTS: se identifican con ellos. Cuando el grupo debutó en 2013 con 2 Kool 4 Skool, los músicos hablaron sobre presiones familiares para cualquier estudiante coreano: la necesidad de estudiar duro, entrar a la universidad y encontrar un trabajo estable. Sus primeros singles, No More Dream y N.O., castigaron a aquellos que van como zombis a clase sin una meta ni horizonte. ¿Para qué sirve toda esta educación, se preguntaron, para ser “el trabajador número uno del gobierno”? Los tracks fueron una respuesta a grupos coreanos como H.O.T. y Seo Taiji & Boys, canciones adaptadas a una generación asediada por deudas y una economía cada vez más competitiva.

“Estaba hablando de mi pasado –dice RM, que confiesa haber sido uno de esos zombis–. No había nada que me gustara hacer, solo quería juntar un montón de dinero. La canción empezó como una carta destinada a amigos que eran como yo en el pasado”.

“La universidad se presenta como una cura para todo –afirma Suga–. Ellos dicen que allí tu vida se va a ordendar; que si adelgazás, vas a ser más alto…”.

—RM: Y vas a conseguir novia….

—Jin: Y vas a ser más lindo….

—Suga: Pero no es la realidad, y ellos se dan cuenta de que es todo una mentira. Nadie puede hacerse responsable de vos en ese punto.

Si no abordamos esos temas, ¿quién los habla? –continúa Suga–. ¿Nuestros padres? ¿Los adultos? ¿No nos corresponde a nosotros, entonces? Esa es la clase de conversación que tenemos [en la banda]: ¿Quién sabe mejor sobre los problemas que aborda nuestra generación? Nosotros”.

Sin embargo, a medida que se volvieron famosos, también son cuidadosos de decir algo que pueda percibirse como erróneo, o una “cuestión política”. Suga es el más honesto. Cuando les pregunto sobre la masiva protesta a la luz de velas para pedir la renuncia del presidente Park Geun-hye, en Seúl, el pasado invierno, Suga está listo para abordar el tema: “Más allá de lo correcto o lo incorrecto, la verdad o la mentira, la reunión de ciudadanos para levantar su voz es algo que apoyo activamente”.

RM, por otra parte, está más alerta a potenciales sensibilidades. Sobre la reciente muerte de Jonghyun, del grupo K-pop SHINee, que sufría depresión y se suicidó en diciembre último, dice: “Aquella mañana fuimos a ofrecer nuestras condolencias. No pude dormir en toda la mañana. Estaba muy conmovido, porque nos veíamos a menudo en eventos. Era muy exitoso”. Suga añade: “Fue un shock para todos, y yo realmente simpatizaba con él”. “Es todo lo que podemos decir”, concluye RM.

Pero Suga sigue con el tema. “Realmente creo que todos en este mundo estamos solos y tristes, y espero crear un entorno en el que podamos pedir ayuda y decir que las cosas son duras cuando lo son, y que extrañamos a alguien cuando lo extrañamos”. Después les muestro un tuit que RM escribió en marzo de 2013, diciendo que cuando entendió de qué trataba Same Love, el himno al matrimonio gay de Macklemore & Ryan Lewis, pasó a gustarle el doble. Naturalmente, los fans de BTS lo interpretaron como un público apoyo a los derechos gays, una rareza en el K-pop. Hoy, él se muestra circunspecto: “Es difícil encontrar las palabras adecuadas. Podría revertir la frase, decir ‘el mismo amor’ es decir ‘el amor es el mismo’. Realmente me gustó esa canción. Es todo lo que puedo decir”. Suga es contundente: “No hay nada malo. Todos somos iguales”.