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Los Espíritus en el Malvinas: pautas para un ritual atávico

Por Matías Ayerza |
  • PH: Mathias Magritte
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La banda de Maxi Prietto y Santiago Moraes cerró su año de mayor crecimiento con un show en La Paternal. Crónica y fotos.

Podemos ponernos pesimistas. Decir que faltan ideas; que la música en términos de commodity se está llevando todo por delante. O podemos ponernos optimistas, y ver un show de Los Espíritus. Casi cinco mil personas eligieron ser parte del uno de los puntos fuertes del rock argentino en 2017, el sábado en el Estadio Malvinas Argentinas. 

Apenas pasadas las 22, los seis componentes de esta receta blusera, latina y tribal sumaron calor humano a un espacio con poco aire y sobrada expectativa. Lo hicieron Huracanes mediante. Y si Maxi Prietto y Santiago Moraes proponen caminar hasta el Sur colgados de un riff congruente, es porque confían en la abnegación de su público.

Los capítulos de este segmento de naturaleza derrotista se sucedieron con cantos alegóricos como La crecida, El viento y La mirada. Después llegaron cuatro motivos para pensar a Agua ardiente como el mejor trabajo discográfico del año en la Argentina. Perdida en el fuego, Jugo, Esa luz y Mapa vacío están cargadas con un aura que enlaza a Los Espíritus con la mejor narrativa latinoamericana, como si vinieran a ponerle sonidos a un rico historial de literatura circular.

El ascenso del grupo es tan vertiginoso como la cadencia irregular en la voz de Maxi Prietto. Aquel muchacho que surcó los mares del under con discos solistas y su proyecto posterior –Prietto Viaja al Cosmos con Mariano–, parece haber encontrado una coalición ideal al lado de Moraes, Felipe Correa (batería), Miguel Mactas (guitarra), Fer Barrey (percusión) y Martín Febrat (bajo).

Pasaron nueve canciones hasta que llegó el turno de honrar al disco debut de Los Espíritus. La mina de huesos contó con Saúl Correa –padre de Felipe– como invitado en percusión, y le dio al Malvinas las pautas para un ritual atávico.  “Las armas las carga el Diablo, y las descarga un gendarme”, cantó luego Prietto en una reversión adaptada a estos tiempos oscuros. La referencia al asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel recibió largos aplausos. Enseguida, ofrecieron Mares, una de sus composiciones más bellas, y Ruso blanco, el track que vio la luz hace pocos días, cuando lanzaron el EP Guayabo de Agua Ardiente, un paquete de bonus tracks del citado LP.

La cuestión se fue poniendo upbeat con el correr de Jesús rima con Cruz, El gato y Perro viejo. Y tras una breve calma ofrecida al calor de Luna llena, subieron al escenario Walter Broide (Posediótica), Tomás Vilche (Los Bluyines) y Tulio Simeoni (La Patrulla Espacial), que arremetieron con un trip psicodélico con percusiones y pasajes de improvisación; una tríada que marcó el punto más alto del show: El palacio, Alto valle y Vamos a la Luna.

El tramo final, entre sudores y ovaciones, trajo Negro chico y Las sirenas. Y para los bises, dos imprescindibles como Noches de verano y La rueda. “Este año tocamos en muchos lados; y en todos ellos, la gente se preguntó ‘¿Dónde está Santiago Maldonado’. Ahora sabemos qué pasó. El Estado es responsable”. Chau, gracias”, dijo Maxi Prietto, para darle cierre al show más importante en la carrera de Los Espíritus.

 

Anoche @los.espiritus cerraron el año de mayor crecimiento en su carrera con un concierto en La Paternal. 📽: @m_ayerza

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Grosos!!! Viaje total!!! #losespiritus

Una publicación compartida de Gabriel Varela (@gabolectrico) el

 

Terrible como suenan estos pibes. #losespiritus

Una publicación compartida de Cyn Aku (@muchacha_peronista) el

 

Me olvidaba, que bien suenan en vivo estos tipos.... #losespiritus Luna llena terrible 👏

Una publicación compartida de lucasre14 (@surfeandoavalanchas) el