ENTREVISTAS

Ian Ramil: huele a espíritu trash samba

Por Facundo Arroyo |
  • PH: Rodrigo Marroni
El músico de Porto Alegre, hijo de Vitor Ramil, sigue cosechando reconocimientos por su inclasificable segundo álbum, que llamó la atención al ganar un Grammy Latino en 2016.

La vida de Ian Ramil fue experimental mientras creció en Porto Alegre (Brasil). De madre profesora universitaria y padre músico –el reconocido Vitor Ramil, creador de La estética del frío–, sus vinculaciones con el arte fueron inevitables. Pasó sus años universitarios transitando el periodismo y el teatro (llegó a dirigir dos obras), hasta que se largó con la música. “Cuando me subí al escenario y vi que toda esa libertad se metía en mí, pensé que eso era lo que quería”, explica.

El camino hacia la grabación de tu primer disco parece eterno por todo lo que venías acumulando, ¿cómo resolviste ese background?

Tenía mucha música. Imaginate que toco desde que tengo nueve años. Cuando empecé, quería hacer la experiencia de Hamburgo, como The Beatles. Tocar todo el tiempo y ver qué pasaba con eso. Todas las semanas hacía conciertos con banda y solo. Estuve como dos años así. En ese proceso, experimenté mucho con mis canciones. Eso me dio la pauta de lo que tenía que grabar en IAN (2014). A partir de la experiencia, nació el concepto.

¿Por qué decís que te encontrás entre João Gilberto y Nirvana?

Traté de pensar en los opuestos de mis influencias. Es difícil reflexionarlas a todas cuando te hacen la pregunta sobre ellas. Me gusta un trabajo que tenga un power bien fuerte y de repente cambie y se convierta en algo muy suave, y a la vez después ya se vaya a otra cosa.

¿Desde cuándo escuchás a João Gilberto?

Desde chico. Mucha de mi formación tiene que ver con la influencia de mis padres. Eso es evidente. Toda mi vida escuché muy buena música, es como una formación radiofónica constante, eso siempre me pareció un privilegio.

¿Cómo fue el proceso de grabación de Derivacivilização? Es un segundo disco extraño e inclasificable…

Lo grabamos en la casa de mis padres mientras ellos estaban viajando. Me fui con mi banda para allá. Grabamos el disco en 15 días. Tenía todo pensado: qué canciones, su orden, y no mostré a nadie esas composiciones hasta que llegamos y empezamos a grabar. Ensayamos un poco y nos largamos. Me interesaba mucho el primer contacto de los músicos con las canciones, ver qué pasaba. Confié mucho en ellos y en nuestra conexión.

En la crítica especializada de la Argentina dicen que es un disco de trash samba, ¿qué te parece?

Está bueno, quizás. Tiene mucha improvisación. Su esencia es espontánea. Hubo sesiones con la banda entera, pero también grabamos por separado y luego reunimos los resultados. Como el primer contacto con esa música quedó en el disco, es eso. Pero después seguimos cambiando constantemente esa música en vivo. Nunca es igual, nunca será igual.

¿Qué dijo tu padre con toda esta preproducción algo experimental?

Tenía miedo de las historias que le contaba para hacer este disco. Desde la parte técnica (no era un estudio profesional, ni siquiera sonaba bien) hasta las canciones, que no conocían los músicos. Me decía que había mucho ruido afuera, que se escuchan los perros de los vecinos. Yo pensaba que eso era mucho mejor de lo que esperaba. Sin ir más lejos, es un disco que tiene mucho sonido ambiente. En ese viaje grababa hasta con mi teléfono. Sonidos de iglesias, conversaciones ajenas, bocinas, después fui armando como una costura como para poner la ciudad dentro del disco.

Finalmente, el álbum ganó un Grammy Latino como Mejor Álbum de Rock en Portugués, ¿qué significó para vos?

Eso fue muy loco por varias cuestiones. Un disco grabado en casa, que es ruidoso, infrecuente con algunas temáticas, con críticas sociales, me parece lo opuesto a lo que la industria espera de la música. Es como muy raro, me costaba creerlo. Ya la nominación me parecía algo irreal. Hicimos lo que creímos, en lo que pensamos, y, sin embargo, la industria nos premió. Por ese lado, el galardón vale mucho más, no abandonamos nuestras libertades, nuestras certezas. Eso es importante: no estábamos haciendo música para que suene en la radio.

¿En qué andás ahora?

Fui padre. Ahora es una niña de ocho meses; ya le hice música, claro. Supongo que el próximo disco va a ser más liviano. Imagino que estará para 2019, vamos a ir muy tranquilos. La vida material, dentro de mi mente, cambió bastante con este nuevo ser que me acompaña todos los días.