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La Otra Cara de la Nada: oda a la adolescencia

Por Juan Manuel Pairone |
  • Gentileza La Otra Cara de la Nada
El dream-pop del tercer mundo tiene en Misiones a uno de sus focos más interesantes. El primer álbum de La Otra Cara de la Nada eleva la vara y muestra a una generación en pleno proceso de descubrimiento y explosión creativa. El 28 de septiembre se van a presentar en Niceto Club.

Sobre premios y tormentas (Yolanda Discos, 2017) comienza lánguido, desenfocado, terriblemente nostálgico. Las armonías vocales protagonizadas por Ignacio del Pórtico, Germán Vázquez y Nicolás Peña dibujan elocuentemente el espíritu de una canción dedicada al día más gris de la semana. Ese, quizás, sea el rasgo principal de La Otra Cara de la Nada, pero está lejos de ser el único. El álbum avanza y muestra pasajes musicales ambiciosos y una vocación profunda por contar buenas historias. Hay ideas que remiten a Tobogán Andaluz y al costado más cancionero de Los Reyes del Falsete; también, cierto espíritu épico y huellas de indie alternativo y acupuntura guitarrera a lo Foals. Todo eso puede verse en Suceso emoción, capaz de resumir el disco en poco más de cinco minutos de versos pegadizos, partes entrelazadas, cortes inesperados y una orquestación fina en detalles.

Reconocida como una oda a los años de la adolescencia y sus vaivenes, Sobre premios y tormentas es una obra que lleva en sí la carga de varios años de vivencias, descubrimientos y subibajas emocionales. La melancolía general del disco y sus voces aletargadas funcionan como un imán. Pero detrás de la apariencia de una banda asociada al pop espectral o al shoegaze, encontramos a un grupo de músicos que vienen tocando juntos desde hace más de un lustro. Lo demuestra una química instrumental que es responsable de algunos de los mejores momentos de un trabajo que exhibe con orgullo el sonido de la banda: una serie de aventuras melódicas capaces de hacernos flotar entre las nubes.

Surgido en el seno del sello misionero Celiac Discos, el grupo está instalado en Buenos Aires y es una de las mejores cartas en el catálogo del naciente Yolanda Discos. El modo de producción es, en este caso, directamente proporcional al amor puesto en estas nueve canciones. El álbum fue grabado por los cinco integrantes de la banda y es un fiel ejemplo de estos tiempos en los que el arte puede ser colaborativo en el mejor de los sentidos. En la tormenta confiamos, el track que cierra Sobre premios y tormentas, da cuenta de este espíritu colectivo frente a la contingencia. Tanto en su costado más íntimo como en una hipotética analogía sobre la industria musical, La Otra Cara de la Nada muestra que la unión hace la fuerza. Frente a todo y a todos.