EXPOSICIONES

Las fotos de Charly García: quiero ver, quiero entrar

Por Walter Lezcano |
  • Gentileza Palais de Glace
  • Charly e Hilda Lizarazu / Gentileza Palais de Glace
  • Charly y Andy Cherniavsky / Gentileza Palais de Glace
  • Charly y Nora Lezano / Gentileza Palais de Glace
La muestra Los ángeles de Charly –hasta el 12 de agosto en el Palais de Glace– reúne las imágenes que Nora Lezano, Hilda Lizarazu y Andy Cherniavsky capturaron de nuestro icono cultural.

Un día normal en el planeta tierra, la fotógrafa Nora Lezano recibe el llamado de Charly García. Se conocen hace tiempo y la confianza entre ellos es absoluta. El músico le cuenta que está pasando una temporada en el Hotel Faena de Puerto Madero y que tiene ganas de sacarse unas fotos. “Y quiero que sean en la cama”, precisa. Lezano no pierde un segundo, agarra sus equipos y se dirige a la habitación de Charly en el Faena. Organiza las luces y arma el set utilizando la cama como escenografía principal y única. Antes de comenzar la sesión de fotos, Charly se dirige al baño y sale completamente desnudo. Le avisa a la fotógrafa: “la sesión empieza ahora mismo”. De pronto, Lezano entiende algo que ya sabía desde siempre: con Charly García la vida y la obra tienen otro espesor porque se funden para concretar una realidad paralela donde lo imprevisible y lo inesperado es ley y performance. Y esto, con su carga inapelable de riesgo, tensión e incomodidad, es algo que se percibe con mucha claridad en la extraordinaria muestra fotográfica Los ángeles de Charly que se encuentra en el Palais de Glace hasta el 12 de agosto, donde se exponen imágenes capturadas por las miradas aventureras de Hilda Lizarazu, Andy Cherniavsky y la propia Lezano. Para que se entienda: las mejores cazadoras visuales del rock argentino retratando al mayor ídolo de la música popular de la actualidad. Son esa clase de encuentros donde se logra algo trascendente.   

Son 200 fotografías que no siguen un orden cronológico, sino que se persiguen ciertos lineamientos referidos al caos en general y a la iluminación en los pequeños detalles de las imágenes, pero también hay que decir que se recorren diversos momentos del Charly García de las últimas tres décadas, cuando pasó de ser un músico exitoso, poderoso y polémico a convertirse en un patrimonio cultural y sonoro de esta parte del mundo. En ese sentido, resulta gratificante descubrir en la muestra un intento de fracturar un sentido determinado, digerido: cada espectador definirá en su interior qué es lo que está contando esta muestra.

Ahora bien, ¿cómo resulta trabajar con García frente a la cámara? Este viernes de sol con un verano fugaz que nadie pudo anticipar, Andy Cherniavsky explica: “Charly es un actor nato porque es muy energético. Y hay una doble entrega ahí: la cosa que él va entregando y vos vas captando con la cámara”. Nora Lezano, que está a su lado, agrega: “no se trata de estar en el momento justo, sino que es lo que pudo lograr con el tiempo que el artista te da. De todas formas es alguien que propone, pero además te deja hacer. Eso habla de una gran generosidad de su parte”. Hilda Lizarazu asegura que a “él la gusta sacarse fotos en cualquier situación, y como tipo retratado no le molesta en absoluto que lo miren, y eso lo hace todo más fácil. Se presta al juego”.

Trabajar con Charly García como modelo, que todavía no pudo ver esta exposición, representó para estas tres mujeres bellas y fuertes una de esas cimas creativas que puede llegar a tener una vida, pero que sigue un camino y un destino elegido. Nora Lezano no le sacó a nadie tantas fotos como a Charly. Andy Chiernavsky, quien está escribiendo un libro sobre su experiencia como espectadora y protagonista en el rock de los ochenta, llevó un diario exhaustivo de cómo fue su vida fotografiando a García. Hilda Lizarazu, que hace veinte años que no saca fotografías de manera profesional, dio un salto increíble, al que podemos relacionar con el que hizo Petinatto con Sumo, al pasar de ser su fotógrafa a volverse corista y alma de su banda. Más allá de esto, cada una de ellas no eligió ninguna cámara especial para conseguir las imágenes de esta muestra: dejaron de darle prioridad a la tecnología para encargarse de filtrar con la cámara que podían conseguir en ese momento el enorme caudal de feeling visual que encontraban en Charly. “Soy cero técnica, y siempre me importó más la onda y alma de las personas. Hacía lo que podía con lo que tenía”, cuenta Cherniavsky, y tanto Lezano como Lizarazu comparten esa mirada y forma de encarar su trabajo.

Al finalizar el recorrido por la exposición, que tiene una disposición circular del espacio y eso es parte del viaje y la respiración de la muestra (“busca generar una especie de sinfín que rechaza toda cronología. La secuencia dialoga con cierta idea del rock donde lo único que importaría es el instante”, cuenta Elio Kapszuk, el curador de la muestra), también se puede descubrir algo sumamente atractivo y que resulta, quizás, lo más importante: la trascendencia pictórica que excede al objeto retratado. Como si las fotos tuviesen un valor artístico en sí mismas más allá de contar con un rockstar monumental ahí.

Cualquier ser humano que no conociera a García, como nos pasa a los que vemos las fotografías de Diane Arbus o de Marcos López, por ejemplo, podemos deslumbrarnos por los encuadres, por el momento capturado, por la delgadez extrema o la carnalidad desatada del retratado, por cierto aura inexplicable que nos hace darnos cuenta del valor artístico de estas piezas que en su conjunto configuran Los ángeles de Charly. “Por más que sea Charly García o un arquitecto o un pintor, las fotos son fuertes. Las imágenes tienen una impronta estética porque principalmente somos fotógrafas”, reflexiona Lizarazu.

Producida dentro del marco de la conmemoración de los 50 años del rock argentino, Los ángeles de Charly expone tres formas únicas de mirar, tres paradigmas ineludibles dentro de la fotografía del rock nacional, en la que se intenta dar cuenta de lo que simboliza retratar íconos culturales, de repasar una parte intensa de nuestra tumultuosa historia y, además, de construir un puente con nuestro presente para pensar el estado de cosas tanto a nivel musical como fotográfico y cultural. Concluye Hilda Lizarazu: “Se trata de hacer un homenaje en vida a alguien que ya es, sin lugar a dudas, una verdadera institución”. 

La foto que Nora Lezano capturó para la tapa de Billboard de abril 2017 también está expuesta: