ENTREVISTAS

Temples: el camino hacia el dorado

Por Paulina Ricci |
Los ingleses estrenaron su segundo álbum de estudio, 'Volcano', en el que exploran más allá de la psicodelia. Su relación con la industria, los secretos que esconde el disco, la fusión del mainstream con lo indie y cómo hacen para aprender a tocar sus propias canciones.

Antes de Volcano, Temples parecía estar en un laberinto de espejos. Quería avanzar, pero cada vez que decidía un camino (léase “lanzaba un EP”), se topaba con el reflejo de sí mismo. No es que esté mal −su álbum debut Sun Structures (2014) fue aclamado por el público y la prensa−, pero como dijo el uruguayo Mario Levrero, la experiencia anterior es “buena como experiencia, pero sería terrible por repetición”.

Por eso, el grupo de James Bagshaw se las ingenió para encontrar otro sonido, si bien lo que hallaron logra diferenciarse poco de Currents, de Tame Impala. Los ingleses exprimieron la psicodelia hasta que no salió más jugo: acompañados por una autoproducción meticulosa (“No podemos pagarle a alguien que sea tan bueno como imaginamos. Es mejor así: ya sabemos cómo queremos que suene exactamente”), Temples pintó con sus guitarras deformes y sintetizadores lisérgicos una pradera de ensueños, pero que en el horizonte deja ver una tempestad. A esa acuarela –con pinceladas de The Kinks, Pink Floyd y Peter Bjorn and John−, Bagshaw la describe como “un enigmático y prematuro Disney, juguetón y aromonioso, aunque con un giro oscuro”. Y agrega: “No queríamos hacer más de lo mismo. Esta vez, nos enfocamos más en las letras, que es lo más importante. Resultó ser un álbum más directo; fuimos más valientes”.

Pero por más rápido que uno corra y por más lejos que uno vaya, es imposible escapar de uno mismo. Ahí sigue estando la esencia Temples: una contemporaneidad que convive con lo analógico en una hermosa fraternidad. Además, sigue conservando el misterio propio de un laberinto de espejos: de igual modo que en Sun Structures había mensajes ocultos porque “sonaría feo cantar sobre un iPad”, en Volcano, el tema Mystery of Pop también se disfraza con un velo. “Esa canción significa algo más de lo que parece decir a primera impresión. Esconde algo, que no voy a revelar, claro. Pero puedo sugerir que es una historia bastante satírica: una parodia a la industria del pop”, dice el cantante y guitarrista.

Tener un álbum debut bien recibido por la crítica y abrazado por el público en un plano internacional es un hito que solo algunos pueden lograr. ¿Tienen presión de demostrar que siguen haciendo las cosas bien?

Nos sentimos presionados a escribir mejores canciones que antes, pero es un desafío que queremos superar para nosotros mismos, no para los demás. Todo lo que tenemos para lograrlo son nuestros instintos. Nuestro objetivo no es ser mainstream ni hacer hits. Si empezamos a pensar cómo recibirá el público nuestro trabajo, entonces estaríamos comprometiendo nuestro arte. Sin embargo, sí, siempre hay algo de nervios. También los hubo en el primer álbum. Pero repito, es una presión sobre nosotros mismos, y como esta vez escribimos mejores canciones, estamos un poco más confiados que antes.

¿Cuál es su relación con la industria? ¿Alguna vez sintieron rechazo hacia los acuerdos discográficos?

No tenemos ninguna estrategia para manejarnos con la industria. Solo surfeamos la ola. Con respecto a los acuerdos discográficos, quizás sentíamos rechazo cuando recién empezábamos: tuvimos muchas ofertas, pero elegimos ir con una independiente [Heavenly Records] en lugar de firmar con la gigante RCA. Hacemos nuestra música en nuestros hogares y la producimos en mi casa, así que nos imaginamos que no funcionaría en un estudio grande. No queríamos invertir todo ese tiempo en controlar nuestra obra para después entregarla a una corporación que nos pediría cosas que no querríamos hacer. Así que me encanta estar en una discográfica indie: ellos solo se recuestan y no dicen nada; a veces opinan, pero son muy buenos a la hora de dejarte tu espacio para lo creativo. Y una vez que terminás con lo tuyo, hacen lo mejor que pueden para distribuir el material y hacer que suene en la mayor cantidad de lugares posibles.

Richard Ashcroft habló sobre la situación actual del indie en Radio X. Dijo: “Solo porque algo tenga dejos indie y solo algunas personas lo conozcan no quiere decir que sea más auténtico o sea mejor que el Work, work, work de Rihanna" [en alusión al mainstream]. ¿Estás de acuerdo?

Aschcroft está cien por ciento en lo correcto. No estoy seguro de si estaba hablando sobre nosotros, no sé si sentirme identificado. Incluso, dudo que nos haya escuchado. Pero sospecho de quién sí estaba hablando; y si es así, estoy completamente de acuerdo. Rihanna es una artista pop a la que no le avergüenza su trabajo. Tampoco tendría por qué. Mientras, hay muchas bandas “indie” que en realidad son pop, pero que piensan que por ponerle delay u overdrive a la guitarra, el tema se convertirá en un himno indie. No funciona de esa manera. Tampoco hay una fórmula. El problema es que los artistas están compitiendo por lograr un hit, y ven como único camino aliarse a una estrella pop o competir en niveles similares. No debería ser así: la canción es buena o no lo es. No hay mucha vuelta que darle. No la van a determinar un par de efectos o estilismos. ¿Cuánto estamos dispuestos a hacer para conseguir un hit? Nosotros no nos fijamos en esas cosas. ¿Cuál es el punto de intentar tener un éxito y después fracasar? Porque cuando a uno le salen las cosas mal, después está caído y pierde la dignidad, en algún punto. Es mucho mejor lograr un hit con una canción que nunca fue destinada a eso. [Quizás es el caso de Certainty, que tiene una manifiesta potencia radial y que incluso fue remixada por Franz Ferdinand]. 

¿Con Volcano siguieron la misma dinámica que con Sun Structures de presentar primero las canciones en vivo y ver cómo la gente las recibía?

No, esta vez fue diferente. Fue un proceso más de estudio. Terminamos de grabar este disco hace tres meses [en enero, al momento de esta entrevista], así que estamos practicando mucho. Actualmente estamos tocando en vivo tres o cuatro canciones de Volcano, pero queremos tocar como siete u ocho en la primera parte del tour. Los temas de este álbum fueron todos escritos de diferente modo: algunos individualmente y otros en grupo. Si nos metemos en un cuarto a ensayar Born into the Sunset ninguno sabría cómo tocarla. Estaríamos como ‘No me acuerdo como tocar esa parte… ¿cómo hacía para vocalizar sobre esos acordes?’. Es extraño; tenemos que aprender las canciones de la versión de estudio. Cada uno se tiene que enfocar en su parte. No somos como esas bandas de Motown que grababan todos juntos y en una toma. Ojalá así fuese, sería más sencillo.

Cuando frenan y se separan de la vorágine de la presentación del álbum y la gira, ¿se asombran de su éxito?

Sí, definitivamente. ‘Éxito’ es un término gracioso. Somos exitosos porque trabajamos de algo que no nos cuesta trabajar. No me hace falta más que esto, no es necesario que labure en un bar para pagar la renta. Es raro: todos somos músicos hace muchos años y ninguno se rindió. Preferimos estar escuálidos y sin plata pero intentando salir adelante en algo que tenga que ver con la música, en vez de estar de 9 h a 17 h en un trabajo, y tocar la guitarra a la noche. Eso sería muy humillante.

¿Tienen planes de volver a la Argentina?

Seguramente vayamos a Sudamérica. No podría decir que ya es definitivo, pero visitamos su país en la gira del primer álbum, así que no veo por qué no hacerlo con el segundo.