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¿Por qué Lali?

Por Santiago Torres |
  • Foto: Guido Adler
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Con el lanzamiento de Soy, su segundo álbum como solista, Lali Espósito se fortalece como artista. En producción exclusiva y reflejada por la lente de Guido Adler, compartió con Billboard Argentina su relación con el éxito y los secretos de una chica que busca en la música un refugio para su madurez como mujer.
 

@billboardarg JUNIO 🔥🎶

Una foto publicada por Lali (@laliespositoo) el

Está en todos lados. Prendas el canal, escuches la radio o veas la web que sea, aparece ella. Todos la quieren. En lo de Mirtha; con Pergolini; en lo de Matías Martin; recibiendo un premio en los Martín Fierro; con Paoloski y Leo Montero en cable, o adonde sus fans la conviertan en trending topic. Sus romances aparecen en los noticieros. Ella es noticia.

“¿Soy yo o hace mucho frío?”, pregunta cuando entra al estudio. Apenas aparece sorprende por su simpleza y simpatía. Desde que empezó su prematura carrera, patrocinada por la factoría de éxitos de Cris Morena, la chica de Parque Patricios creó una serie de álter egos que sirvieron de base para recolectar seguidores de a miles. Desde la más reciente Julia “Esperanza” Albarracín, pasando por Marianella Rinaldi en Teen Angels o Agustina Rossa en Chiquititas sin fin, Lali tiene a los 24 años un currículum difícil de igualar en el mundo del espectáculo. Para paliar el frío acepta un té caliente, y agradece. “Pegué afonía, moco, todo”, se refiere a las vacaciones que acaba de tener en Europa con sus amigas. “De pronto hacían seis grados. Tuve una semana de mal clima. Hasta para los locales era raro el frío. No teníamos el abrigo necesario, lo tuvimos que comprar ahí. Fuimos a Londres, París, Roma, Venecia, Florencia y Barcelona”, cuenta.

Desde chica sintió el afecto del público y de su entorno. Está acostumbrada a los mimos. Hermana incondicional de Ana Laura (29) y Patricio (25), es la más chica de una típica familia porteña que escuchaba Fito, Charly, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Juan Carlos Baglietto y Joan Manuel Serrat en el minicomponente Aiwa que tenían en el living. Dicen que los Espósito son unidos y viven la carrera con alegría. “No teníamos mucha guita, cuando llegó el minicomponente era la NASA para mí”, recuerda.

“Ay, ¡qué nervios! Son las primeras personas que escucharon el disco entero. Qué groso. Bueno, ¡escupí todo!”, dice sobre Soy, su segundo álbum. Lo primero que se le comenta es sobre el final, un homenaje inesperado a una de sus bandas favoritas: “Reina es la yapita. Mi gran diversión era bailar en el comedor de casa Reina en Colores, hasta que mi tío me regaló mi primer CD, el Greatest Hits I de Queen”.

Lali es una marca. Un emprendimiento familiar que se convirtió en un excelente negocio. Majo, su encantadora madraza, la cuida de cerca y juega un rol fundamental. Porque esto que le pasa ahora era lo que sus padres querían para ella, su principal anhelo, la libertad de no depender de alguien más. Por eso su proyecto solista empezó de manera autogestionada, sin dejar de aprovechar la mirada que la industria siempre posó sobre su figura artística. Su carrera musical se expandió tan rápido que Sony Music, de la mano de Damián Amato y Mariela Crosi, la contrató para ser su gran apuesta regional.

No estamos delante de una actriz que se aventura en la música. Su equipo conoce muy bien el mercado del entretenimiento. Está asociada a sus amigos Nano Novello, Peter Akselrad y Luigi Burgio, de 3música, una empresa de productores, compositores y músicos que fue creciendo a medida que fueron trabajando con Disney, Lerner, Miguel Mateos, Pimpinela y, por supuesto, todo el mundo de Cris Morena desde Erreway (Luisana Lopilato) y Teen Angels (junto a la China Suárez, su excompañera de banda). Incluso compusieron un tema para Juan Pablo II y son los responsables de los hits musicales en español que tanto enloquecen a los fans de Israel. Este proyecto es la oportunidad que tienen para plasmar su trabajo con una figura fresca y moderna como lo son Miley Cyrus, Rihanna, Justin Bieber o Taylor Swift en el hemisferio norte. Ellos la acompañan en toda la cadena de valor, desde la composición hasta la comercialización.

Sin embargo, hay una regla de oro: ella se maneja con voz y voto en todo, decide qué se hace y qué no: “Estoy recontratenta técnicamente hablando. Está todo muy pensado, hay mucha gente arriba del escenario, alineadísima: bailarines, maquillaje, ropa... Quiero saber si te impactó el espectáculo más allá de mí”.

 

¿El reconocimiento a un artista va siempre emparentado con su talento?

- Creo que son dos cosas distintas, y cuando están bien fusionadas hacen que ese hecho artístico quede. Justin Bieber es un ejemplo. Hizo un disco que demuestra no solo su talento, sino la búsqueda de un nuevo sonido. Aparecen sonidos supermodernos y muy inteligentes. En un pibe como él, funcionan perfecto el talento y el éxito popular, donde la música importa. Ariana Grande se canta la vida. Es la mezcla perfecta entre ser talentoso, tener buenos productores y cómo te lleva la industria, dónde te posicionan. Es un grave error hacer algo artístico para lograr un resultado en los demás. Desde mi humilde lugar, descubrí que te critican igual aunque te labures la vida. Capaz el pop tiene el público y el estilo musical más bastardeado. De repente, te felicita gente respetada que no esperabas. Me sorprendió el aval que me mostraron desde el mundo roquero. Saben que es difícil conseguir originalidad, encontrarle la onda a este estilo. Descubrí que lo comercial puede convivir perfectamente con la calidad. Si tiene que llegar, llegará. Si algún día me consideran una artista consagrada, me lo habré ganado. De última, haré la música que más me gusta y seré feliz.

¿Escuchás el Billboard Hot 100?

- Estoy siempre pendiente de lo que se está escuchando. La música electrónica, la más nueva, me gusta mucho. En el R&B y en la música internacional veo que las minas también están marcando tendencia, todo surge un poco de Madonna. Todas deseamos generar esa sorpresa que ella logró n su momento. Encontrar tu personalidad no es fácil. Estamos muy influenciados por un montón de información y todos buscamos un mismo desafío. Soy tiene mucho funky y pop de los 80. Queremos ponerle la nueva cara a este género musical.

¿Por qué Soy no tiene colaboraciones?

- Lo pensamos. Era muy personal. Me define mucho de verdad. Soy eso. Lo visual, la ropa, cómo suena en vivo. A bailar me llevó a esa instancia, pero surgió que no hubiera invitados. Se dio así.

Hay variedad de sonidos y de estilos. ¿Elegís vos?

- Lo que siempre tengo más claro es el estilo musical y las influencias de cada canción. Es lo primero. Después, lo que más me divierte es la letra. Escribí todas por primera vez yo. Del disco A bailar influían mucho los chicos. Armamos esto desde cero. Le pusimos el alma. Pudimos ir a mezclarlo afuera con un tipo que nos copó, Iar Candy, un pibe rejoven. Lo mezclamos en Miami. El anterior lo mandamos a Londres. Igual, la mezcla ya estaba bien hecha por los pibes. Del sonido buscamos que evolucione, que sorprenda. Queremos que las canciones suenen en la radio, pero que tengan su personalidad, que sean distintas. Después laburé muy a pleno en las letras, mi concepción en la vida. Nuestro paso por acá. En lo que vos querés creer. Es todo muy personal. Me estoy desnudando más.

¿Cuándo te descubriste como cantante?

- De manera obligatoria tuve que cantar. Laburando. Yo empecé a los 10 años. De repente, viajabas por el mundo... antes de trabajar con Cris, mi gran diversión era bailar. Actuar las canciones.

¿Tocás algún instrumento?

- A los 15 me regalaron una batería marca Lazer, fue un alto momento. Ahora la toca mi sobrino de 6. Aprendí las notas. Saco temas. Si ensayo puedo tocar un tema.

La nena amorosa ahora es una exitosa y joven mujer de negocios con un sex appeal por las nubes. Agreguemos que, además, es capaz de cerrar negocios con compañías multinacionales y analizar los resultados de su propio emprendimiento. Entre las personas con las que trabaja, aparecen Vicky Roa y Ariel “Chicho” Chichotkyme, quien la respalda en cada compromiso profesional.

¿Está todo planeado?

- No es un plan, sino una energía direccionada hacia un lugar. Vas hacia ahí o no. A medias no va, es con toda. Si lo planeás demasiado, no funciona. Ahora quiero evolucionar. Que el próximo disco sea mejor que este. No canto tan bien, puedo cantar muchísimo mejor. Yo creo que no hago nada muy bien. Soy una caradura. El camino está en evolucionar. Ahora empiezo idioma. Quiero mejorar. Que me digas que canté mejor en el próximo disco. Siempre para ir por más. Quiero hacer las cosas bien. No me gusta hacer nada porque sí. Soy mandada, pero no me gusta hacer algo sin que sea verdadero.

 

By @adlerguido para @billboardarg

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¿En qué creés?

- Creo en la reencarnación profundamente. Amo a Brian Weiss. No puedo pensar que somos solamente esta instancia, este momento. Es evidente que, más allá del estado físico, somos otra cosa. Por eso algunas cosas nos salen bien naturalmente, o nos dan más miedo que otras. Creo en el karma, en lo que uno arrastra. Estamos pululando un poco por un lado que ni conocemos. El cerebro no está preparado para saber todo. Imaginate tener el cien por ciento del cerebro funcionando. No estaríamos hablando porque me mirarías y ya sabrías todo. Se nos da una gran ignorancia. Después depende de vos cuánto te instruís. ¡Nacemos ignorantes totales! Eso es a propósito, está muy bien pensado [risas].

¿De política hablás? ¿Te gusta?

- Poco. No me siento instruida para hacerlo. Tampoco da hablar libremente si no sé cómo funcionan determinadas cosas. Puedo hablar desde un lugar muy simple, ciudadano. Lo único, es increíble que no se pueda hablar con respeto aunque pensemos distinto. Estuve presente en conversaciones entre dos amigos que se estaban matando y diciendo cosas horribles, y la charla había empezado por algo político. No lo puedo creer. El argentino es como el italiano, necesita decirlo y gritarlo, pero pasa en todos lados. Estuve en Londres y una amiga me contó que estaban votando si se independizan o no de la comunidad europea. Se habla de política en todos lados. Es la base de cómo vivimos. Te tiene que importar. Yo trato de que no me vuelva loca. No me gusta el fanatismo que genera la política. Cuidé mucho en no convertirme en una herramienta. Decís algo y ya sos de un lado o del otro. Fijate en mis redes, hablo de lo que hago, pero no opino. ¿Sabés las cosas que hubiera puesto?

 

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Todos los días mueve millones de personas a través de sus redes (en Twitter tiene cuatro millones de seguidores), y su carrera, al combinar cine, teatro, televisión, publicidad y música, se volvió un verdadero ejemplo de la era digital y de los nuevos artistas 360°. Es por eso que se espera tanto de ella. Es por eso que todos la quieren.

¿Qué te moviliza?

- Me aburre aburrirme. Necesito encontrarme mejorando en algo. Me cuesta hacer lo que ya hice, incluso en actuación. Prefiero no hacerlo. Mi intención era animarme a escribir. Cuando saque A bailar, me llamó Ale Sergi para escuchar el disco en su estudio. El chabón vio algo y me dijo que tenía que escribir lo que pensaba de verdad. Otro día, Cris me dijo que mi primer álbum estaba bien porque me definía, pero me aseguró que iba a escribir mejor y me desafió a lograr cierto nivel de introspección. Voy de a poco hacia ese lugar, me interesa decir algo. Me gusta que sea arriba porque me gusta bailar. Voy a bailar hasta donde me den los huesos.

¿Qué escribís?

- No tengo un gran vocabulario, pero me gusta mucho escribir. Lo hago muchísimo. Lo que pasa, lo que pasó, lo que pienso... Cuando no puedo verbalizar algo, me sale mejor escrito. Lo hice toda la vida. Me acuerdo que en el colegio tenía cajas de agendas donde escribía todo lo que me pasaba como adolescente.

¿Cómo explicás lo que pasa con el público y el fandom? Además, sos la elegida de la industria, claramente generás expectativas.

- Son talibanes [bromea sobre las “lalitas” y los “lalitos”, su ejército amoroso]. Por las cartas que me mandan y los mensajes que recibo, siento que hay algo con mi “no personaje”. No hay nada armado con respecto a mí, y eso es poco habitual. Todos tenemos un personaje social armado para afrontar la vida, pero cuando mejor llevás tu personaje, es cuando menos esfuerzo se requiere para ser así. A mí me pasa un poco eso. Tengo pocos amigos con los que puedo ser yo. Soy muy para el otro. Me pasa algo reloco, de chica, en la piel con las personas. Tengo una sensación física, te lo juro por mi sobrino Santino, inmediata. Me corro de lugares con gente que no quiero estar o que no me suma. Eso me sale naturalmente. Nunca me tuve que imponer para querer gustar. No me lastimo por gustar. Si te gusta, te gusta. Creo que el público agradece la cosa genuina.

Lali mantiene vivo lo más primario que tiene la música y es la relación entre el artista y sus seguidores. “No quería hacer solo una firma de discos. Fue un evento sin precedentes”, dice orgullosa al analizar el lanzamiento en Espacio Darwin Palermo. Lo cierto es que la producción subió la vara durante la presentación del nuevo trabajo y lo transformaron en una experiencia para mil fans –solo la preventa hizo que sea disco de oro a las tres horas, en una época en que la venta de los soportes físicos vive bajo la amenaza digital–. Pero allí también rompe récords: en Spotify tiene otros 400.000 seguidores.

 

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¿Cómo analizás el éxito?

- No hay una fórmula, una clave. Cada tanto aparece algo que surge y no es tan pensado. Obvio que la tele ayuda a que la repercusión sea más rápida, pero trabajé para separar las cosas y no mezclar mis personajes con mi música. Toda la vida hice un personaje que cantaba, pero es distinto. Acá están mi música, mis shows, mis discos, son mis pensamientos escritos, es mi cara, mi nombre, mi hermano que me bautizó “Lali” desde que nací. El proyecto me define, es lo que más soy, tiene un impacto muchísimo mayor en mi vida. La actuación, donde respondés a un autor o a un director, hace que no estés tan al frente. Mi música me hace ser totalmente honesta.

¿Y el ego?

- Es enorme, eh. Cuando estás al frente de algo es peor, te encontrás con algunos pensamientos y tenés que autoeducarte. Es muy difícil pensar y decidir sobre vos y cómo querés que te vean los demás y manejar el ego. Yo tengo la suerte de contar con una gran base en la vida personal, como tener un hermano que te avisa cuando estás haciendo las cosas mal. Todo artista que escribe una canción quiere que alguien se emocione con ella. Cuando veo la gente revoleando los buzos, saltando, transpirada... yo hago la música para eso, para el que quiera ir a divertirse. Primero pienso si a mí me hace bailar, y me emociona. Hay una cosa egocéntrica en hacer la música que a uno le gusta. El gran sueño es ver a otra persona llorando o cantando el tema, eso no se parece a nada. Hay una cosa medio snob onda “no me importa que la música pegue”, pero es mentira. Sonás en la radio y te emocionás.

 

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¿Qué te genera el fenómeno “Tini”?

- Me parece espectacular lo que sucedió con Violetta. Tienen grandes ideas. Son esas cosas que pasan cada diez años en la industria infanto-juvenil. Lo último que me acuerdo así fue Floricienta, ¡pero ella llena estadios en Polonia! Es muy extraño. Por algo es. Me parece maravilloso, espectacular. Ella debe tener el ángel para ocupar ese lugar, sin dudas. No somos ni siquiera el mismo género musical. Yo creo que nos comparan por lo que se ve desde afuera. No hay una búsqueda musical ni estética, ni nada, y entonces desde mi lugar no encuentro comparación. Ocupa un lugar en el mundo que yo no ocupo. No me puedo comparar con algo tan grande, nunca trabajé en Disney. No somos artistas iguales, para nada. Veo que hace algo muy inteligente que es no pelearse con Violetta, buscando salir de ahí como Tini, como ella misma.

¿Tenés miedo de que todo esto se termine?

- No. Yo tengo miedo a no ser libre. La clave está en trabajar tu espiritualidad todo el tiempo. Ahí nadie te puede quitar tu libertad. ¿Quiero estar acá de verdad? Soy una gran cerradora de ciclos. Cuando el fin está llegando, en mi pensamiento ya no quiero seguir. Me pasó con los Teen Angels cuando ya no quería cantar más esas canciones. No tuve miedo de sentarme en frente de Yankelevich y decirle que quería hacer otra cosa. No puedo caretear, no me sale. No puedo ser tu amiga si no lo siento. Las personas con las que trabajo me conocen mucho y saben que se me nota todo. Hace un tiempo estaba mal por cuestiones personales y no puedo ser yo ni disfrutar. Siempre fui así. Yo confío plenamente en la gente que tengo a mi alrededor. Mi hermana es como una gran mejor amiga también. Soy muy afortunada de tener eso. No quiero que haya caretas en mi vida.

 

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¿Cómo te definís como mujer? Tu show está cargado de sensualidad.

- Disfruto lo simple y me considero muy apasionada. Vivo todo muy intensamente. Nunca tuve miedo de ser como soy, de hablar como hablo, nunca me obligué a trabajar para un público específico. Yo no dejo de ser yo, no me impongo un personaje porque tengo un público joven. Durante la última parte del tour venían hombres y mujeres de 30 años cancherísimos que bailaban como locos, y al lado había unas chicas de 8 o 9. Yo estaba dando un show para todos ellos. Cuanto más genuina, mejor.

¿Se te acercan los hombres?

- No, ni se acercan. Una impone una especie de miedo, o no sé qué flashean. Y cuando lo hacen, se encuentran con que me aburro. Si no encuentro nada más allá, no soy muy fácil. Me importa mucho la inteligencia de las personas, sin ella no vamos a durar mucho. A la vez, soy muy educada, entonces no te voy a hacer sentir mal. Pero no tengo tan claro por qué no suelen encararme demasiado. Que llegue lo que tenga que llegar. No me pongo ansiosa con eso.

Por eso Lali es furor. Porque hace lo que quiere. Porque Lali es una bomba. “Y ahora me desnudo”, se despide con su típico humor.

 

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